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ANDRÉS DE LA ORDEN

goth-1

 

REFUGIADOS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxWhat do we need where do we go
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxWhen we get where we don’t know
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxWhy should we doubt the virgin white of fallen snow
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxWhen faith’s our shelter from the cold…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxQuicksand Jesus I’m so far away without you.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(“Quicksand Jesus”, Skid Row)

Dicen que no sé de lo que hablo.
Hay miles de refugiados tras unas alambradas.
Les pegan con porras y usan gases contra ellos.
Dicen que no todos tienen cabida en este mundo nuestro.
Dicen que colapsarán el estado del bienestar.
Dicen que las olas de la mar tienen ya
demasiados nombres
que callar.
Dicen que no lo sé.
Yo sé que no tengo que temer por mi vida a la alborada.
Yo no creo en la ley que obliga al hombre a esperar la muerte.
Sé que estamos repartiendo los números de la vergüenza.
Sé que los países se pelean por unos cientos de bocas.
Sé que dicen los políticos que no soportará el sistema,
no podremos tumbarnos en el sillón y ver las mejores
series televisivas
sin el incordio de la conciencia y sus alaridos en los ventanales,
van a atender en Urgencias a otros de extraños colores de piel
sin cotizaciones previas que les hagan humanos dignos
y antes que a nosotros,
no podremos hacer viajes de lujo mientras ellos limpian
nuestras habitaciones de hotel,
no podremos cebarnos al sol de las playas sin estos molestos
pobres, esos
que nos venden ropajes o estatuas de animales
doloridos
sobre la arena.

No lo sé,
no lo entiendo,
dicen que hay cien personas que acumulan
tanta riqueza como la propia de muchos países,
mientras en mis tarjetas de crédito están las migajas
que me ha reservado esta estructura de la mentira,
mientras nos disputamos las sobras del festín
con nuestros hermanos exangües,
no lo sé,
yo creo que en mis calas deberíamos caber todos,
yo creo que Cristo está muriendo a la frontera
del territorio Schengen,
yo creo que tengo mierda debajo de los zapatos y del alma,
yo creo que me sobra tanto como a mis hermanos les niego,
dicen que no lo sé,
dicen que corren peligro mis hijos si abrimos
determinadas puertas,
dicen que podremos dormir tranquilos a pesar de los gritos
de los que sólo tienen el miedo para protegerles
de la bala
y de la noche,
yo sé que los puertos se hicieron para cobijar a los esperanzados,
yo sé que los faros se levantaron para avisar
a los sin rumbo,
yo temo que en las cumbres de gobernantes se hable
de inmigración controlada,
yo temo que mi bandera sea un hostión en la boca
sin dientes
de mi hermano,
dicen que no sé de lo que hablo,
debe ser verdad,
en la rifa de los muertos siempre gana el malnacido,
salvaremos acaso a los niños y a las niñas
de sus terribles futuros,
integrados en esta sociedad que hará de ellos
seres iguales en oportunidades,
destinados a ser vendedores ambulantes, buscadores
de chatarra, cuidadoras de ancianas o nuestras
exóticas
putas.

Pero, a fin de cuentas, me queda un último consuelo,
pues dicen que no sé de lo que hablo.

 

 

 

 

NUNCA

El miedo, muñir
palabras, cerrar heridas, y no,
no gustaros.
Cómo segar el predio que no siembro, el miedo,
el abrazo de las púas, el Norte, el tacto helado
de la verdad.
Nunca fui un poeta, no tuve más enseña que mis tripas.
Proas erradas, estacios sin salida.
Os he buscado, besos sucios y las barras de los bares.
Rozad mi mano al menos.

 

 

 

 

FIESTA

Los barcos
mienten a sus quillas y omiten
sus naufragios.
Los congregados
a la bandera del vino y de los porros
siguen disimulando cuánto se han herido.
Un piano silencia las tonadas que ciñe
la noche contra las sillas
aún calientes.
No sé cómo he llegado aquí.
Hice tanto daño como risa obsequié,
pieles en fruición de púas,
la función de los mates fuera del tablero,
y no, al menos no fui perfecto.
Dios hace ya tiempo que sólo suda
y contempla.
Las vergas quizás han desenmascarado
la falaz adivinanza del amor y del tiempo.
No me basta con callar.
Gordio no pudo contra la espada
de ese Magno hijo de puta.
Quién nos dará cuerdas para atarnos,
quién creerá en los abrazos
a la huida en estampida
de los sexos.
Decidme si también sentís este mismo miedo,
esta certeza odiosa de playas traicionadas,
la liana débil, la mano al cielo, las arenas
movedizas.

 

 

 

 

HOSTAL CORONADO

Últimas sábanas de hostal en Barcelona,
desde el cuajo de esta sangre tan antigua,
tan última,
todo, atemporal, ha mantenido tu nombre.
El dolor causado ciñe sus cisnes contusos,
el mundo ha seguido desde sus temibles costas,
esas donde el trenet macera el vino
de Alella
que insiste con su cieno entre las bocas pútridas.
No he guardado rencor,
el precio del odio lo fija siempre la muerte.
Sé bien que hay cielos incontables.
Nadie merece ser un extraño allá
donde ha llorado.

 

 

 

 

MAGRES

Magres.
Quería pescar magres y olvidarme de la tierra.
Costeras y sartenes valdrían al sustento.
Sólo la borda sería la frontera
de ese mi dominio de faros
y marejadas.
Mas ellos vinieron con sus programas
de estudios.
Ellos me dijeron que yo era un tipo grande.
Que las escaleras estaban para subirlas.
Que qué cojones, era preciso aventar tan ciertos
apellidos.
Dónde, dónde están hoy los magres.
Quién ha sido finalmente la carnaza,
qué dura la verdad cuando se alzan los palangres
por encima de esas aguas que siempre
supieron
que hay anzuelos más aviesos en las lonjas
del orgullo.

 

 

 

 

VERITAS (1)

Me arramblo,
piel contra la pared, y ved
el tiempo
del odio, de las gavias
rasgadas, el momento
de tus mentiras.
Trae las últimas
normas, fóllate
a tus hermanos, di
que estamos solos.
Todo horror, toda
huida, todo
el daño
lo haremos
en silencio.

 

 

 

 

NUBES

Nubes.
Tan solamente el pasar
de las nubes.
Por qué.
Por qué no detenerse a contemplar,
sentir su simpleza,
su albura,
qué sombra se instala en los ojos
del que nunca
duerme.

Quién me segó
esa estúpida palabra,
quién tiene la felicidad en almoneda,
nubes, formas sin número,
gotas presas del viento,
ríos del antes y nombres empapados,
por qué sólo escribir cartas a la muerte,
qué es más que una nube, que el canto
de las guitarras sin cuerdas,
que la trampa del hoy, que la soldada
del agua
que no hemos merecido.

 

 

 

de la Orden, Andrés. Noctem. Murcia; Ed. Raspabook, 2016.

 

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