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LOS PERROS SE ESTÁN COMIENDO A TU MADRE

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LOS PERROS SE ESTÁN COMIENDO A TU MADRE

Eso no es tu madre, sino su cuerpo.
Ella se arrojó desde nuestra ventana
Y cayó ahí. Ésos no son perros
Que parezcan ser perros
Despedazándola. ¿Te acuerdas de aquel sabueso flaco
Subiendo a todo correr por el sendero, llevando en alto
Y colgando en carne viva la tráquea y los pulmones
De un zorro? Bien, pues ahora fíjate en esos.
Se pondrán a cuatro patas al final de la calle,
Se allegarán brincando a tu madre
Y jalarán de sus despojos, con el morro
Levantado igual que el de un perro
En nuevas posturas. Si la proteges,
Te tumbarán y te despedazarán también a ti
Como si fueses una parte más de ella,
Y encontrarán cada bocado
Tan suculento como los suyos. Ya es demasiado tarde
Para salvar lo que ella fue.
La enterré donde cayó.
Tú jugaste alrededor de su tumba. Colocamos
Conchas de mar y guijarros con vetas
Que trajimos de Appledore
Como si fuésemos ella. Pero una suerte
De hiena vino gimiendo cara al viento.
Ellos la desenterraron, y ahora están cebándose
En la cornucopia
De su cuerpo. E incluso
Arrancan a dentelladas la faz de su losa,
Engullen los adornos de su tumba,
Y hasta la tierra se tragan.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAsí que déjala.
Deja que sea su botín. Vete
A sumergir la cabeza en los ríos nevados
De la Sierra de Brooks. Cúbrete
Los ojos con los aires que se retuercen
En las planicies de Nullarbor. Déjales
Que meneen los muñones de sus colas, que rabien y vomiten
En sus simposios.
xxxxxxxxxxxxxxxxPiensa mejor en ella
Tendida con sagrado cuidado en una rejilla alta
Para que los buitres
La devuelvan al sol. Imagina
Esas bocas quebrantahuesos, esas bocas trabajando
Para el escarabajo
Que la llevará rodando de vuelta al sol.

 

 

 

 

LOS OFRECIMIENTOS

Apenas dos meses muerta
Y allí estabas de nuevo, repentinamente de vuelta a mi alcance.
Cogí la Línea Norte en Leicester Square,
Me senté y allí estabas de nuevo. Y allí
Empezó aquel sueño que no era ningún sueño.
Yo te observaba y tú me ignorabas.
Ése era tu papel en el sueño: ignorarme.
El mío, ser invisible — desesperadamente
Incapaz de manifestarme.
Simplemente una mirada en blanco, incorpórea — posando
Todo el peso de mi mirar incrédulo
En tu rostro, imposiblemente real pero allí presente.
No muy cambiado, e inmutable bajo mi presión.
Tú temblequeabas ligeramente mientras el vagón
Perforaba la tierra en dirección al norte.
Parecías mayor — la muerte te había avejentado un poco.
Más pálida, casi amarillenta como aquel día
En el depósito de cadáveres, pero impasible.
Como si la vía que se iba desenrollando y el temblequeo del viaje
Fuesen la película de tu vida, y tú estuvieses absorta en ella.
Tu mirada, vuelta hacia dentro, se resistía a la mía.
La cesta sobre las rodillas, cargada de paquetes.
El bolso atado con una larga correa. Las manos
Plegadas sobre el regazo. Inamovible
Mi mirada se apoyaba en la tuya como una mirada
Apoyaría su mejilla en la mano. Lo imposible
Continuaba compartiendo tu ligero temblor,  tus párpados,
Tus labios ligeramente fruncidos, tu melancolía,
Igual que en el sueño que insiste
En lo sencillamente imposible, y prosigue
Segundo tras segundo tras segundo,
Volviéndose cada vez más increíble —
Como si girases lentamente la cara y lentamente
Sonrieses de lleno ante la mía, animándome
Allí, entre los vivos, a hablar con los muertos.
Pero tú parecías ignorar el papel que estabas representando.
E, igual que en el sueño, no me atreví a hablar.
Tan sólo intenté distinguir el recuerdo
De tu rostro de ese otro nuevo que tenías.
“Si te bajases en Chalk Farm”, pensé para mí,
“Te seguiría hasta casa, hablaría.
Haría un esfuerzo para aceptar
Este ofrecimiento, esta sustituta alma en pena
Que la muerte me devuelve, que se me revela
Aquí en el metro — seguramente
Para que yo la examine y apruebe”.
Llegamos a Chalk Farm. Yo me levanté. Tú seguiste
Allí. Fue la prueba decisiva.
Te levanté el rostro y me lo llevé conmigo
Afuera, al andén, en aquel sueño
Afuera, al andén, en aquel sueño
Que era toda la vida despierta de Londres.
Te vi alejarte, transportada
Hacia el norte, de vuelta al abismo,
Con tu nuevo rostro real, inalterado, iluminado, inconsciente de sí.
Visible aún durante unos segundos antes de desaparecer
Dejándome con el mismo vacío del principio, sin saber
Si habías estado allí y de golpe ya no estabas.

Pero todo nos es ofrecido tres veces.
Y, de pronto, allí estabas de nuevo, sentada en tu propia casa.
Igual de joven que antes de que te ajase la muerte. Igual
Que una alucinación — imposible de borrar cerrando y abriendo los ojos.
Una imagen migraña — jalando, distorsionando mi retina.
Parecías ignorar por completo que tú eras tú.
Incluso usurpar el nombre de tu antigua rival —
Como si ahora te resultase más cómodo. Y sin embargo eras tú
Hasta tal punto que los hemisferios de mi cerebro
Parecían estar fuera de su fase, un tanto separados
Para comprender que tú eras tú y a la vez percatarse de que tú
No eras tú. Para ver que tú eras tú y a la vez
Que seguías siendo descaradamente otra.
Incluso mantenías tu fecha de nacimiento — exacta
Como un dardo sobre la imposibilidad.
Y vivías a tan sólo tres kilómetros de donde habíamos vivido juntos.
Otros espíritus se confabularon formando un equipo de apoyo
Para ti, dos nuevos padres, un nuevo hermano.
Volviste a cortejarme, disimuladamente. A mi alrededor,
El aire que respiraba me aturdía — el gas
Del inframundo donde tú te movías con tanta soltura
Y existías con tu nuevo ser. Me contaste
El sueño de tu romántica vida, que se había prolongado
Durante nuestro matrimonio, allí en París — como si
Nunca hubieses regresado de allí hasta entonces.
La muerte había recobrado tu talento. O quizá
Lo había calmado un poco, transformado
En un ansia obtusamente salvaje, una ferocidad
Subrepticia de ansia en tus ojos
Tan misteriosamente inalterados. Yo luché conmigo mismo
Un tiempo en mi doble existencia de vivo y de muerto.
“Esto es pura coincidencia — me dije en silencio — la mera
Inercia de este momento de mi vida, cuando intento
Mantener las cosas tal y como eran, como si el espectáculo
Tuviese que continuar a toda costa, con las mismas máscaras, los mismos papeles,
Sean cuales sean los actores que los interpreten”. Boqueando en busca de aire,
En el fondo del Rin, apenas consciente,
Con la indolencia de alguien que ya se sabe ahogado
Protesté pidiendo que me dejaras.
Tu gentil ultimátum mitigó su presión.
Fiel a tu humor espectral, lo siguiente
Fue enviarme una preciosa postal desde Honolulu.
Después, como un recuerdo del inframundo,
Todos los años una postal desde Honolulu.
Parecías haber vuelto definitivamente a la vida gracias a alguna artimaña,
Dejándome a mí como fianza — un rehén
En la tierra de los muertos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxYo pensaba cada vez menos
En escapar.
Incluso en mis sueños, nuestra casa estaba en ruinas.
Pero de pronto — por tercera vez — allí estabas de nuevo.
Más joven de lo que nunca te había visto. Tú
Como recién hecha, mitad una corza salvaje, mitad
Un objeto intachable,impagable, con facetas
Tipo joya de cobalto. Estabas detrás de mí
(En un momento de indefensión, mientras hundía
Un pie en el agua de la bañera para probarla)
Y me hablaste — apremiante, sobrecogedora como una voz familiar
Surgida del tumulto de un río, cercana, urgente,
Rotunda: “Ésta es la última vez. La última. Así que ahora
No me falles”.

 

 

 

Hughes, Ted. El azor en el páramo (Trad. Xoán Abeleira). Madrid; Bartleby editores, 2010.

 

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