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DESEO

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MÍSTICA PARA PRINCIPIANTES

El día era apacible, la luz, agradable.
Un alemán en la terraza de la cafetería
tenía un pequeño libro en sus rodillas.
Conseguí ver el título:
Mística para principiantes.
Al acto entendí que las golondrinas,
patrullando las calles de Montepulciano,
con unos silbidos muy penetrantes,
y las apagadas charlas de los tímidos
viajeros de Europa del Este, llamada Central,
y las garcetas que estaban (¿ayer? ¿anteayer?)
como monjas en los campos de arroz,
y el ocaso, lento y sistemático,
borrando los contornos de las casas medievales,
y los olivos en las pequeñas colinas,
a merced de los vientos y los incendios,
y la cabeza de la Princesa desconocida
que vi y admiré en el Louvre,
y los vitrales de las iglesias como alas
de mariposa embadurnadas de polen,
el pequeño ruiseñor que ensayaba su recital
justo al lado de la autopista,
y los viajes, todos los viajes,
eran sólo mística para principiantes,
un curso inicial, una introducción
para el examen que quedó aplazado
para más adelante.

 

 

 

 

A MI HERMANO MAYOR

Con qué tranquilidad avanzamos
a través de días y meses,
y cantamos en voz baja
una negra canción de cuna,
cuán fácil los lobos secuestran
a nuestros hermanos,
con qué levedad
respira la muerte,
con qué rapidez
navegan los barcos
por las arterias.

 

 

 

 

MI ESTUDIO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Derek Walcott

El estudio donde trabajo tiene seis
caras como un dado.
Hay una mesa de madera de tercas
formas rústicas, un sillón
perezoso y una tetera con el labio
prominente de los Habsburgo.
Desde la ventana veo árboles escuálidos,
finas nubes y niños de la guardería,
gritando, siempre contentos.
A veces, a lo lejos, brilla la luna de un coche
o, arriba, la cáscara plateada de un avión.
Es evidente que otros no pierden el tiempo
cuando yo trabajo, buscan aventuras
en la tierra y en los grandes espacios.
El estudio donde trabajo es una camera obscura.
Pero, ¿en qué consiste realmente mi trabajo?
En una larga espera inmóvil,
en remover folios, en una paciente meditación,
en la pasividad que no convencería
a un juez de ansiosa mirada. Lentamente
escribo, como si tuviera que vivir doscientos
años. Busco imágenes inexistentes,
y si existen están enrolladas y guardadas
como la ropa de verano durante el invierno,
cuando el frío corta los labios.
Sueño con lograr una concentración absoluta;
si la encontrase tal vez dejaría de respirar.
Quizá mejor que consiga tan poco.
Aunque oigo silbar la primera nieve,
oigo la delicada melodía de la luz del día
y el amenazante gruñido de la gran ciudad.
Bebo de una fuente pequeña,
mi sed es mayor que el océano.

 

 

 

 

HOUSTON, A LAS SEIS DE LA TARDE

Europa ya duerme bajo la áspera manta de sus
fronteras y viejas hostilidades; Francia arrimada
a Alemania, Bosnia en los brazos de Serbia,
la solitaria Sicilia en el azul del mar.

Aquí anochece, se enciende una lámpara
y al instante se apaga el oscuro sol.
Estoy solo, leo un poco, pienso un poco,
escucho un poco de música.

Estoy allí donde hay la amistad
sin que haya amigos, donde crece
el encantamiento, sin que haya magia,
allí donde ríen los muertos.

Estoy solo porque Europa duerme. Mi amor
duerme en un piso alto cerca de París.
En Cracovia y en París mis amigos
se abren paso en el mismo río del olvido.

Leo y reflexiono; en un poema he encontrado
¡Hay golpes en la vida, tan fuertes!… ¡No preguntes!
No pregunto. En el silencio de la tarde
irrumpe un helicóptero de la policía.

La poesía invoca un mundo sublime,
pero lo que es bajo también es elocuente,
más audible que la lengua indoeuropea,
más fuerte que mis libros y mis discos.

Aquí no hay mirlos ni ruiseñores
de cantilena triste y dulce,
tan sólo un pájaro burlón, que imita
y remeda todas las otras voces.

La poesía invoca la vida, el valor
frente a la sombra que se agranda.
¿Sabrías mirar tranquilamente a la Tierra,
como un astronauta perfecto?

Dela inocente indolencia, de la Grecia de las lecturas
y de la Jerusalén de la memoria emerge de pronto
la isla del poema, una isla deshabitada
que algún día descubrirá un nuevo Cook.

Europa ya duerme. Los animales nocturnos,
feroces y melancólicos,
van de caza, hacia la muerte.
Pronto América también se dormirá.

 

 

 

 

“SENZA FLASH”

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx“Senza flash!” (Sin flash)
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(prohibición que se oye con frecuencia
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen las galerías de Italia).

Sin llamas, sin noches de insomnio, sin brasas,
sin lágrimas, sin una gran pasión, sin convicción,
xxxasí viviremos; senza flash.

Tranquila y regularmente, soñolientos y obedientes,
manchadas las manos con la tinta negra de los periódicos,
xxxcaras grasientas de crema; senza flash.

Turistas sonrientes con sus impecables camisas,
Herr Lange y Miss Fee; y Monsieur et Madame Rien
xxxentrarán en el muse; senza flash.

Se situarán ante el cuadro de Piero della Francesca
en el que Cristo, casi enajenado, emerge de la tumba,
xxxresucitado, libre; senza flash.

Y quizá entonces ocurra algo imprevisible,
oculto en suave algodón, el corazón se conmueva,
xxxse haga el silencio, brille un flash.

 

 

 

 

LA MUERTE DEL PIANISTA

Mientras otros se sumían en guerras
o en negociaciones, o yacían
en camas estrechas de hospitales
o en campos forzados, él día tras día

ensayaba las sonatas de Beethoven;
y sus escuálidos dedos, como los de un avaro,
tocaban grandes riquezas
que no eran suyas.

 

 

 

 

FRÁGIL GLORIA DE LAS AMAPOLAS

El asfalto se derrite al sol bajo una rueda estrecha
de bicicleta y gritan los pájaros en los árboles del camino
(con cerezas, verdes y duras).
¿Serás capaz de perdonar?
Quizá en los negros bosques aún vivían lobos.
El trigo era verde, se reían las alondras,
debajo tenían la frágil gloria de las amapolas,
iglesias de madera, capillas
donde las flores silvestres se convertían en hierbas,
el agua de una pequeña fuente olía a promesa.
Y al fin el destino de la expedición, una colina
con una torre de triangulación, paralizada
en la tierna observación de un cielo claro.
¿Serás capaz de perdonarle al tiempo
esta vileza, esta traición?

 

 

 

 

LÍNEA NÚMERO 4

Escribo sólo sobre los muertos,
me dijo un clochard.
Pronto llegará el verano.
En la línea Porte de Clignancourt-
Porte d’Orléans siempre se propaga el olor
a papel quemado; en la parada Saint-Michel
una rata fisgona parece preguntar:
¿en qué siglo estamos, señores míos?
He ido abriéndome paso por este día.
Se me ha vuelto a escapar lo esencial.

 

 

 

 

EUROPA YA SE ESTÁ DURMIENDO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Gosia

Europa ya se está durmiendo; en Lisboa todavía
arrugan la frente viejos jugadores de ajedrez.

Sobre Cracovia se levanta una niebla gris
y borra los contornos de las venerables velas.

El Mediterráneo de balancea ligeramente
y pronto se convertirá en una canción de cuna.

Cuando Europa por fin duerma profundamente,
América velará

sobre el pobre y callado mundo,
con recelo, como una hermana pequeña.

 

 

 

 

VER

¡Oh! muda ciudad mía, mieldorada,
sepultada en los barrancos, allí donde los lobos
corrían en silencio siguiendo el frío meridiano;
si tuviese que explicarte, ciudad que dormitas
bajo un montón de hojas muertas,
si tuviese que describirte la piel del océano, donde
los barcos escriben largos versos de claros poemas,
y los yates ostentan sus altas velas como pavos reales,
y el Mediterráneo, detenido en una concentración salina,
y las metrópolis de torrecillas afiladas, brillantes
en el sol penetrante de la mañana, y la fuerza
salvaje de los aviones que desaparecen en las nubes,
el desprecio eterno de los funcionarios hacia la gente,
las calles estrechas de Umbría (como en una cisterna
se detuvo en ellas el tiempo antiguo con sabor a vino dulce),
y la colina donde crece el árbol más tranquilo; el tono
grisáceo de París, allí fluye el río del perdón; Cracovia;
en domingo, cuando hasta las hojas de los castaños
parecen alisadas con una plancha invisible,
los viñedos en los que penetra el ávido otoño
y las autopistas repletas de temores;
si tuviese que describirte la solemnidad de la noche,
cuando ocurrió aquello,
y el ruido de un tren que avanza hacia la nada,
y el brillo de los patines en una pista de hielo
improvisada; escribo y estoy de viaje, pues
quería ver y no sólo saber, ver claramente
los incendios y las imágenes de un único mundo,
y tú sigues siendo una ciudad petrificada, inmóvil,
mis hermanos están en una arena poco profunda;
sobre vosotros no deja de girar la tierra
y desfilan legiones de soldados romanos,
y un zorro polar agudiza el oído al viento
en el blanco desierto donde se desvanecen los sonidos.

 

 

 

 

CÓMO TERMINAN LOS PAYASOS

Un viejo payaso reparte folletos en la estación, anuncian
un circo ambulante.Sin duda, es así como terminan
los payasos: sustituyendo una máquina (o a un niño).
Lo observo atento: quiero saber cómo terminan los payasos.

Entre la melancolía y la salvaje risa contagiosa
desaparece lentamente el equilibrio lleno de encanto;
año tras año el surco delas mejillas es más profundo,
y al final queda la desesperanza de una nariz demasiado grande

y movimientos torpes de anciano, ya no son una parodia
delos saludables e irreflexivos, son un panfleto que culpa
la imperfecta constitución del cuerpo, el error
del arquitecto. Queda la luz de la ancha frente, la lámpara

de una tez demasiado blanca (ahora sin polvos), unos labios
finos y unos ojos por los que mira ya un extraño, se asoma
con frialdad alguien que podría ser el futuro inquilino del rostro
(si se consiguiese prorrogar el alquiler de esta tristeza).

Es así como terminan los payasos, cuando se adentra en nosotros
la gran indiferencia del mundo, amargamente, como plomo en la boca.

 

 

 

 

UNA LLAMA

Señor, danos un largo   invierno
y música tranquila, y labios pacientes,
y un poco de orgullo antes
de que se acabe nuestro siglo.
Danos el asombro
y una llama alta, clara.

 

 

 

 

PARA GABRIELA MÜNTER

Un invierno benigno este año, las manchas
grana de las casas no se helaron, no palidecieron,
y las manzanas siguen llenas de ternura.
Una haya roja recuerda la dulzura del verano
y los lobos no osan acercarse al altar
de nuestras oscuras casas.
Detrás de la pared se oye una respiración.
Sólo sabemos que la vida es cálida.
Pero ya se tambalean los mástiles de los veleros
y las esbeltas antenas,
de las jarras se vierte vino
y quizá quede anegado este silencioso valle
oculto a los ojos de los cazadores;
seguro que quedará anegado, Gabriela.

 

 

 

 

LA COLINA

Un instante de silencio cuando el viento está absorto…
Esta colina violeta, propiedad de un caballo bayo,
se detuvo en su marcha.
Llegan débiles campanadas de una aldea cercana, acaba
de despertar de su sueño una pequeña iglesia románica.

 

 

 

 

UN PEQUEÑO VALS

Los días son tan deslumbrantes, tan claros,
que hasta las escasas y delgadas palmeras
se cubren de un polvo blanco de inatención.
Las serpientes se deslizan en silencio por los viñedos,
pero al atardecer el mar se oscurece y las gaviotas,
suspendidas en el aire como la puntuación
de un escrito superior, apenas se mueven.
En tus labios queda impresa una gota de vino.
En el horizonte poco a poco se desvanecen
las montañas de calcio y aparece una estrella.
De noche, en la plaza, una orquesta de marinos
con uniformes impecablemente blancos
toca un pequeño vals de Shostakovich; lloran
los niños pequeños,como si intuyesen
de qué trata la música alegre.
Nos encerraron en la cajita del mundo,
el amor nos liberará, el tiempo nos matará.

 

 

 

 

PANADERÍA

Un joven y orgulloso panadero con su camiseta sin
mangas (en los brazos tiene marcas de harina, como
polvos en la cara de un actor) observa con amabili-
dad a los clientes. Sonríe sutilmente. Él, que conoce
el secreto del pan…

 

 

 

 

HABLA SUAVEMENTE

Habla suavemente, eres mayor que el
que fuiste durante tanto tiempo; eres mayor
que tú mismo (y sigues sin saber aún
qué son la ausencia, la poesía y el oro).

Un agua parda inundó la calle; una tormenta
fugaz sacudió la ciudad lisa y soñolienta. Cada
tormenta es una despedida,  cientos de fotógrafos
parecen voltear encima nuestro, con el flash
inmortalizan los segundos de temor y pánico.

Sabes qué es el luto, una desesperanza tan súbita
que ahoga el ritmo del corazón y el futuro.
Lloraste entre extraños, en una tienda moderna
donde no paraba de circular el ágil dinero.

Viste Venecia y Siena, y en las telas, en la calle,
Madonnas tristes y jóvenes que querían ser
chicas normales y bailar en los carnavales.

Viste también pequeñas ciudades que no eran bellas,
viejas personas hartas del sufrimiento y del tiempo.
En iconos medievales brillaban los ojos de los santos
morenos, ojos ardientes de animales salvajes.

Cogiste guijarros de la playa, la Galère,
y a veces sentías una gran ternura
(hacia ellos y el pino esbelto, hacia aquellos
que estaban contigo y hacia el mar
que siendo tan fuerte está muy solo),

tan grande como si todos fueran huérfanos
del mismo hogar, separados para siempre
y entregados a los breves instantes de visión
en las frías prisiones de la contemporaneidad.

Habla suavemente: ya no eres joven,
la revelación debe negociar con semanas de ayuno,
tienes que elegir y renunciar, tomarlo con tiempo

y hablar muchas horas con enviados de secos
países y labios agrietados, tienes que esperar,
escribir cartas, leer libros de quinientas páginas.
Habla con más calma. No renuncies a la poesía.

 

 

 

 

ALLÍ DONDE EL ALIENTO

Está solo en el escenario
sin ningún instrumento.

Se pone la mano en el pecho
allí donde nace el aliento
y donde se apaga.

No son las manos que cantan,
ni tampoco el pecho.

Canta lo que está callado.

 

 

 

Zagajewski, Adam. Deseo (Trad. Xavier Farré). Barcelona; Ed. El acantilado, 2005.

 

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