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GRAN VILAS (y 2)

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EL ESPAÑOLETO

A ti te lo puedo decir, amor de mis amores,
sangre de mi sangre, reina testaruda de la nada en que acabaré,
gracias demos a Dios que sabrá devolvernos,
nulos al fin,ya tranquilos, en nuestra nada—,
a ti sí puedo decirte que sueño un poco,
a veces más que un poco,
con la destrucción de España,
con la defenestración de sus élites,
con quemar su historia y a sus líderes y a sus cantantes,
y a sus futbolistas y a sus toreros y a sus nobles y a sus actores
y a sus libros de éxito y a su televisión española,
sueño con eso, con calentarme las manos en ese fuego
cuando llega el invierno y nieva mucho en los Pirineos,
mi santa tierra,
solo mía,
inocente de mí,
buena persona siempre, sabedlo, no obstante.

Sueño con el aniquilamiento
de la vida peninsular tal como la conocemos,
sueño con el delirio final de todos nosotros,
los ancianos españoles,
muertos de miedo,
solo salvaría el Tren de Alta Velocidad,
y algunas películas de Buñuel y de Berlanga,
porque soy un sentimental y estoy enamorado
y me pone a mil que me hablen en la lengua de Cervantes.

Que Vilas sea español, que le den, dijo
un sádico arcángel un 19 de julio de 1962.

A ver qué hace, dijo otro, será interesante ver eso.
Seguro que se hunde, pobre diablo, no podrá con eso.
Se matará, se colgará, se dará la bebida, beberá
hasta reventar, o delinquirá
o se convertirá en un drogadicto, en escoria barata.

Qué buena idea, sí, dijo el arcángel San Miguel
con una copa de vino de Rioja en la mano.
Apostemos fuerte por el Gran Vilas y su hispánico destino.
A ver cómo se apaña con España, dijeron todos
mientras reían y bebían y fornicaban
en la alta oscuridad del Paraíso.

Bah, hicisteis bien, colegas,
amo este país, lo amo mucho,
daría mi vida por él y no es coña,
lo amo porque en España
las mujeres son mejores que los hombres desde siempre,
hicisteis bien, hijosdeputa,
y sabed que lo mismo da España que Francia, China o Rusia,
Italia que Alemania, Suecia que Finlandia,
lo mismo da, hermanos míos,
la vida es buena y ya la misma en todas partes,
pero sí, la jodida España era mi sitio,
el lugar de mi arcangelidad
dionisíaca, veraniega y popular.
Allí estuvisteis de fábula, pequeños hijosdeputa,
reinones del celestial azar,
libidinoso y acre.

I love sweet, España.
Yo soy el españoleto, y me encanta.
Vilas, el españoleto final,
como el gran Ribera,
un hombre de infinito talento.

 

 

 

 

VILAS Y VELASCO

Un día del otoño del año 2010
Manuel Vilas abrió el ordenador y se enteró
de la muerte del poeta español Miguel Ángel Velasco,
ocurrida en Palma de Mallorca.
Vilas no conocía a Velasco,
pero le dolió esa muerte,
tenían la misma edad.
De modo que comenzó a buscar como un poseso
datos sobre la muerte de Velasco.

Temió que se hubiera suicidado.

Vilas tenía bastantes libros de Velasco en casa.

No sintió ninguna necesidad de releer esos libros.

Hizo algunas llamadas y consiguió
el número de teléfono
de la madre de Velasco.

No se atrevió a llamarla, pero fantaseó
con posibles conversaciones con la madre de Velasco.

Imaginó una mujer digna y de atractiva madurez.

Imaginó a la Virgen María y pensó en Velasco
como su hijo doliente, el mismísimo Jesucristo.

Vilas meditó sobre la fama literaria de Velasco como poeta.

Vio que era posible que Vilas y Velasco
tuviesen la misma fama.

De haber ido al mismo colegio
se hubieran sentado juntos
por la proximidad alfabética de sus apellidos.

Todo era proximidad entre Vilas y Velasco,
pensó Vilas.

Estaban juntos en un montón de fotos, inventó Vilas.

Juntos en viajes a los veinte años, fabuló Vilas.

Juntos en fiestas y en noches inmortales, volvió a inventar.

Vilas, finalmente, pensó en la clase media española
de los años sesenta que dio poetas
para la combustión de la democracia que venía.

La clase media internacional, con destinos misteriosos
para sus hijos ateridos en mitad de la tormenta.

Vilas imprimió una foto de Miguel Ángel Velasco.

Misterios de la raza.

Misterios de la clase media universal.

Democracia española, clase media y poesía.

Los chicos se mueren.

En general, la gente se muere.

Dicen los que regresan haber montado
en un gran tiovivo.
En una montaña rusa.
Estás y ya no estás nunca más.

Pero en el fondo,
debes recordar, querido Vilas,
que el mundo llevaba miles de años existiendo sin ti,
y sin Velasco.

Podéis marcharos los dos tranquilamente,
habéis cumplido.
La vida os da permiso y un bonito beso
de despedida.

 

 

 

 

LAS PALIZAS

Los libros que escribí saquearon mi cuerpo.
Me dieron puñetazos en la cara.

Muchos eligieron el cerebro.

Alguno se llevó el hígado, todos robaron.

Agotado, envejecido, deteriorado,
poco saludable,
así me dejaron las palabras bajo mi nombre.

El aparato digestivo, el sueño, los mareos,
la tráquea, las arritmias, el asma,
los huesos torcidos, la neumonía.

Mis poemas, mis novelas saquearon mi cuerpo.

Cada libro escrito era una paliza.

Daban fuerte.

Me dieron palizas de muerte, tío,
esos libros míos, esos hijosdeputa
que finalmente no valieron la pena.

Mis libros no cambiaron el mundo,
solo me cambiaron a mí.

El glaucoma, la sed, el alcoholismo,
las lumbalgias, las taquicardias,
el pánico, la bulimia,
las palizas,
ellos saqueaban,
se lo llevaban todo.

Mis libros,
mis asesinos.

Pero me gusta que me peguen.
Las palizas del amor.

Ponte una tirita en la ceja,
aún te queda un pulmón sano,
respira, pues,
deja de beber,
y adelgaza.

 

 

 

 

I LOVE WOODIE GUTHRIE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxThis poem kills fascists

Esta tierra fue hecha para ti y para mí.
Desde las costas de Galicia hasta el mar de Barcelona,
desde Cantabria hasta la ciudad de Tarifa,
esta tierra nos pertenece.

Deberíamos querernos más y caminar por los campos
con una sonrisa inacabable en el rostro.

Desde el puerto de Somport hasta las costas de Cádiz,
esta tierra fue hecha para ti y para mí.
Desde la lujosa nieve del Aneto
hasta la luz de Almería,
esta tierra fue hecha para ti y para mí.

¿Has visto el mar de Pontevedra, has visto la belleza testaruda
del pueblo pirenaico de Gistain bajo el sol de mayo?

Todo nos pertenece. Esta tierra es nuestra.

Mi casa está abierta para ti porque te quiero.

Nuestros antepasados decidieron matarse
porque eran gente sin imaginación y no amaban a Woody Guthrie,
pero nosotros haremos el amor libre y repartiremos
las riquezas, porque esta tierra es nuestra.

Repartiremos el oro,
porque repartir el oro es fascinante.

Si te despiden en Madrid, yo te daré mi empleo en Sevilla.
Si te despiden en Bilbao, yo te daré mi empleo en Valencia.
Si te despiden en Valladolid,
yo te daré mi empleo en Santa Cruz de Tenerife.

Si nos despiden a todos, venid a mi casa,
os daré lo que tengo.

Desde las costas de Galicia hasta el mar de Mallorca,
repartiremos todo nuestro dinero, nuestras casas,
nuestros maridos,
nuestras mujeres,
nuestro plan de pensiones,
nuestros coches,
nuestros excelentes trabajos,
nuestras rentables empresas,
compartiremos todo,
porque compartirlo todo es deslumbrante y es nuevo,
la vanguardia de lo que vendrá.

Mi casa es tuya porque te quiero,
porque quererte es revolucionario y es apasionante.

Para ti y para mí, en nuestro honor, fue creada la tierra.

Desde las costas de Galicia hasta el mar de Barcelona,
desde las cimas de los Pirineos hasta los vientos de Tarifa,
esta tierra fue hecha para ti y para mí.

Desde el mar de San Sebastián hasta el mar de Málaga,
no habrá pobreza ni alienación ni humillación ni tristeza
sino hombres y mujeres libres,
haciendo el amor en medio del campo,
en medio de los ríos,
en medio de las tormentas,
en medio de las calles,
en medio de los caminos,
bajo la luna.

Y seremos felices aquí en la tierra.

Esta tierra fue hecha para ti y para mí.

 

 

 

 

NOTICIAS DE MARZO DEL AÑO 2011

El año comenzó con revoluciones en los países árabes.
Se desmoronaban Túnez, Egipto y Libia.

Parecía que la Historia había muerto y de repente
una mujer entró en el bar del tiempo y dijo “champán para todos”.

Japón volvió a beber un trago largo de veneno.
La tierra tembló y las centrales nucleares niponas
sintieron nostalgia de Dante, de la Biblia y del Apocalipsis.

El mundo volvía a estar caliente.

Gadafo, el líder Libio, no aceptó la copa de champán.

El mundo árabe se estaba convirtiendo en una banda de rock.

China seguía comprando presidentes de gobiernos occidentales
a bajo precio y convertía la vida en basura universal.

La nave espacial Cassini detectó lluvias de metano
en las dunas del ecuador de Titán,
la luna de Saturno.
Pero seguía sin aparecer ningún vestigio de vida extraterrestre
en ese descomunal y vacío cielo que nos corona inútilmente.

Hosni Mubarak y Muamar el Gadafi y Silvio Berlusconi
usaban el mismo tinte de pelo y sus septuagenarias cabelleras
resplandecían al sol de la Historia con el claro color
de los cabellos juveniles de los dioses griegos de la Iliada.

El hijo del cielo, el emperador Akihito,
habló a su pueblo desde las televisiones japonesas,
desde los receptores con la tecnología más sofisticada del planeta,
en medio de la radiación nuclear, que quema la vida del planeta.

Los reyes y los emperadores y los generales condecorados
se convierten en los grandes ídolos de la televisión
cuando llega el Apocalipsis.

Barack Obama viajaba por América Latina con la mano extendida.

Fuego, volvía el fuego, un clásico de la Libertad.

La crisis económica bailaba flamenco en España.

España se estaba calentando.

Ya nadie leía a Góngora en España
ni a Francisco de Quevedo ni a Mariano José de Larra.
Ni siquiera se sabía quiénes fueron
ni si estuvieron vivos alguna vez.
La Historia se estaba resquebrajando, caminaba, al fin.
La creíamos muerta y como Lázaro salió de su tumba.

Murieron el presidente Néstor Kirchner
y el actor Dennis Hopper y Bobby Farrell,
el cantante de Bonney M, y el escritor José Saramago
y el domador de leones Ángel Cristo.

Nació el primer bebé libre del gen del cáncer de mama,
y sus padres se sintieron fuertes, inmortales casi.

Las relaciones familiares empeoraban por culpa de la crisis.

La tierra tembló en Japón y la Historia se movía,
como un vampiro en la medianoche.

De qué sirve la vida si no es para acabar completamente muerto.

De qué sirve la vida si no es para cambiarla completamente.

 

 

 

 

THE VILAS

xxJohn Vilas tiene 27 años. Canta en una banda de rock and roll. John vive en Detroit. Su primer disco, titulado “Vilas One”, pasó completamente desapercibido. John odia Detroit y está pensando en largarse a vivir a España, a la Costa del Sol, a Málaga.

xxHey, Vilas, take a walk on the wild side.

xxRamiro Vilas tiene 42 años. Vive en Canal de Berdún, provincia de Huesca. Es agricultor. Tiene un tractor al que llama, en broma, “Mariano”. Cuando nadie le ve, le da patadas con sus polvorientas botas —compradas en un Carrefour— a las ruedas del tractor y le dice obscenidades como “me has jodido la vida”. El tractor ni se inmuta.

xxHey, Vilas, take a walk on the wild side.

xxAlonso Vilas tiene 87 años y vive en Madrid. Es sacerdote jubilado. Vive en un Seminario. Desde su habitación oye los coches que pasan por la M30. Le gustan los coches rojos. También puede verlos. Se ha comprado en un bazar chino unos prismáticos y ve los coches. Ve la cara de los conductores y se asusta y se conmueve.

xxHey, Vilas, take a walk on the wild side.

xxCristo Vilas tiene 62 años y vive en Lima. Es peluquero y homosexual célibe. Tiene cáncer de páncreas pero sigue yendo a la peluquería todos los días. A veces, en mitad de un servicio, se pone a temblar de dolor, suspira hondo y sigue peinando al cliente.

xxHey, Vilas,take a walk on the wild side.

xxClermont Vilas tiene 54 años y es profesor de autoescuela y vive en Lyon. Su padre murió hace mucho y Clermont vive con su madre. Su madre le prepara un sándwich de cuatro quesos con mortadela de Bolonia todos los días y Clermont le da un beso en la boca antes de irse a trabajar a la autoescuela.

xxHey, Vilas, take a walk on the wild side.

xxGodfried Vilas tiene 29 años y acaba de asesinar a su novia en un piso de las afueras de Frankfurt. Tiene delante, atemorizado, temblando, al amante de su novia, un hombre maduro, y no sabe si matarlo también. Finalmente, decide apuñalarlo como ha apuñalado a su novia. Godfried Vilas mide 1,91 y hace culturismo. Se queda mirando a los dos cadáveres y se arrepiente de haberlos matado, pero se da cuenta de que son hechos tan irredimibles como olvidables en poco tiempo. Piensa en siete años y seis meses.

xxHey, Vilas, take a walk on the wild side.

xxRosario Vilas era una niña-mendiga que fue encontrada ayer en un sótano de la Rambla de Catalunya. Era una gitana muy morena y tenía once tristes años. Tenía el cráneo reventado y los ojos metidos en la boca.

xxEh, Vilas, que sirva este poema para que la gente recuerde que los muertos también fuimos amor.

xxHey, Vilas, take a walk on the wild side.

 

 

 

 

THE MAN COMES AROUND

xxEstaba muy oscuro cuando el avión aterrizó en el aeropuerto de Moscú. Sin embargo, aquel fantasma estaba eufórico; eran el frío y Moscú que le ponían a mil. Vio un bar de aeropuerto y se detuvo: estoy tan feliz de regresar a Moscú, que necesito tomar un vodka —dijo el espectro.

xxSe sentó en una mesa.

xxQué abstractos son los aeropuertos que glorifican la tierra con sus alargadas pistas de aterrizaje. Qué bonita es la palabra tierra, masculló el fantasma. A veces el fantasma sueña con que esas pistas de aterrizaje sean comestibles. Sean como serpientes, como pescados ardientes, como árboles de piedra que los ángeles contemplan desde el cielo vacío.
xxCantan los ángeles canciones duras que exaltan la construcción de miles de aeropuertos en todos los continentes de la gran tierra de los hombres.
xxLos ángeles aman los aeropuertos. Los ángeles lo aman todo. Porque un ángel es un aeropuerto, víscera de piedra,ganas caprichosas de volar, ganas de estar en las alturas, ganas de fornicación en las alturas. ¿Has probado a hacer el amor a once mil metros sobre el mar? It’s too romantic.

xxLos ángeles se casarían con los aeropuertos si estuviera permitido.

xxEl bar tenía unos enormes ventanales que permitían ver un día gris y oscuro. La grandeza de la grisácea oscuridad parecía revolucionaria. De repente, se puso a nevar.
xxLa nieve es el mayor espectáculo de la materia, su calor, su complejo y extranjero calor. La nieve que trae la santidad a los seres humanos; la nieve, whisky del cielo.
xxLa nieve es el amor también.

xxEn las calles de Moscú seguía nevando. Era la alegría del cielo. Esa alegría irreal que exalta la vida. Alta oscuridad. Alta muerte. Alto amor.

xxEl espectro no llevaba calzado adecuado para la nieve.

xxEl espectro visitó muy caras y lujosas zapaterías de Moscú. Al espectro le fascinan las zapaterías; grandes palacios para esa misteriosa obra maestra que son los pies de los seres humanos. Recordó el espectro el pie de una mujer a la que había amado mucho y lloró a solas. Lloró en mitad de la zapatería y otra vez pidió morir. Alto pie femenino de la alta oscuridad. Mucho tiempo dedicó el espectro a probarse botas de todos los estilos. La fantasmagoría del pie de una mujer de quien estaba enamorado arrojaba al espectro hacia los campos de concentración nazis de la Segunda Guerra Mundial, en una compleja operación de martirio y amor. Judío de los pies enamorados en las cámaras de gas.

xxAcariciaba las botas. Miraba que nada de lo que le ofrecían fuese “Made in China”.

xxAl final, el fantasma se compró unas botas altas mexicanas acabadas en punta, como un cuchillo negro, como homenaje a la revolución mexicana. El espectro amó todas las revoluciones de la gran tierra de los hombres. Las botas que eligió no estaban, precisamente, indicadas para la nieve, de modo que el espectro pronto advirtió en sus botas una gran mancha de humedad.

xxEl espectro cogió un barco moscovita en mitad del hielo. En el hielo veía su rostro y leía su nombre, su nombre aún vivo. Se acordaba de ella. Siempre de ella.

xxAnduvo por muchas calles de Arbat. Cenó, con sus botas humedecidas, en un restaurante llamado “La trucha negra”. Cenó carne, arenques y patatas. Rompió la estructura de las patatas con un tenedor industrial fabricado en serie, “Made in China”.

xxHabía en la carta un texto turístico, en inglés, que decía “los arenques son buenos para la sangre, son diuréticos y alejan el espíritu de la impotencia”.

xxEl espectro rió.

xxTiene que ser muy bonito estar muerto. Pero aún no.

xxSolo estoy enamorado de una mujer que me olvidó.

xxEl amor me ha convertido en una tempestad de miseria.

xxEl amor me ha convertido en un mendigo cósmico.

xxCreo que soy el hombre más solitario del Universo y también el más tercamente enamorado.

xxMis entrañas están maduras para la muerte, pero aún no.

xxAún podría llamarla al móvil, pero estará con otro y ni siquiera contestará, y aunque contestase, ella no se acordaría, y yo tampoco.

 

 

 

 

MEMPHIS

Manuel Vilas llegó a la ciudad española de Santander
conduciendo su Audi 100, ventanillas bajadas, pelo alborotado,
alma venenosa, alma muy gastada, alma tóxica, como su coche,
tenía reservada una habitación en el Hotel Silken Coliseum.

Entró en la habitación, la 301, y sintió algo especial.

Inspeccionó la habitación. Todo estaba en orden.

Había muchas cosas en el cuarto de baño,
eso pone de buen humor siempre,
hasta los muertos se regocijan con los regalos:
Kit de afeitado, cepillo de dientes, aguja e hilo.
Había un calzador y una esponja abrillantadora para los zapatos.
Había un boli pequeño, de bolsillo, con el anagrama
de Hoteles Silken.

Puso una foto de su padre en la mesilla.
Puso una canción de Johnny Cash en el ordenador portátil.
Vilas hace esas dos cosas siempre en los hoteles.

Revisó los poemas que iba a leer esa tarde,
en Santander.

Se cansó de los poemas.
Son solo poemas, palabras.
No son personas, no son seres humanos,
no besan, no hacen el amor.
Me casé con las palabras, pensó.
Me casé con mujeres muertas.

Oh, desesperación, protégeme de las bestias
de la tristeza, conviérteme
en el gran mendigo del amor, dijo.

Se duchó. Estuvo un rato bajo el agua,
maldiciendo su soledad inacabable,
más grande que la soledad de Dios,
no oía a Johnny Cash desde la ducha,
y eso le pareció una tragedia.
Tenía que elegir entre la canción y el agua caliente.
Siempre había que elegir.

I went up to Memphis, oyó.

Con la toalla en la cintura, abrió el minibar,
consultó los precios, y volvió a cerrarlo
con un portazo fuerte, sonoro, absurdo,
goma de la puerta contra la goma de la nevera
en un choque anónimo,
innecesariamente cruel.

Bueno, se dijo, volvió a abrirlo,
y sacó una botellita de whisky.
Al rato otra más. Al rato comenzó con e vodka
porque el whisky se había acabado.

Pensó en su poema El alcohólico.

Miró la habitación: qué blancas las almohadas,
qué bonito el teléfono,
qué sensación de limpieza en el cuerpo.

Sonaron unos golpes secos y fuertes
en la puerta de la 301,
golpes fantasmales y a la vez esperados,
y Vilas abrió.

Era el mismísimo Johnny Cash, con camisa negra,
con botas y con levita y con el pelo alborotado.

Cash entró en la habitación, se sentó en la cama
y dijo “Vilas, cariño, camarada, amar a los seres humanos
no es suficiente si quieres amarlos de verdad,
estás desesperado, y no te curarás nunca,
no hay cura para esto, hermano, siempre estarás así,
violento, insatisfecho, radiante, destruido,
hermano mío, mi hijo casi”.

Vilas pensó que Johnny le había leído el pensamiento
porque Vilas ama a todos los seres humanos
que ha conocido en esta vida.
A todos los ama hasta la extenuación, hasta la cruz;
aunque solo haya hablado dos minutos con un hombre o una mujer,
Vilas lo ama.

Dios hace lo mismo.

Dios y su mismísimo hijo el Gran Jesucristo hacen lo mismo.

Más allá del beso, más allá de la fornicación.
Más allá del erotismo radiante.
Más allá de la posesión y del placer inimaginable.
Más allá de la amistad.
Más allá del matrimonio.
Más allá de la admiración, la lealtad y la fraternidad.
Más allá de todas las falacias del amor,
los fuertes comemos seres humanos,
dijo Johnny.

Vilas estaba solo en mitad de la habitación.

Debería pegarme un tiro ahora mismo,
dijo Vilas, mientras miraba la foto de su padre
encima de la mesilla, con su portátil marco de plata,
y Cash cantaba desde el ordenador I went up to Memphis.

 

 

 

 

DELIA’S GONE

Bendito sea el suicidio.

Lo mejor de nuestro amor fue suicidarnos.

Tantos suicidas en París, en Nueva York,
en Ginebra, en Londres, en Estocolmo y en Madrid.

Hombres y mujeres que se arrojan por las ventanas,
desde décimos o undécimos pisos,
intentando volar en el absurdo viento de las ciudades.

Bendito sea el suicidio, que nos iguala a los ángeles
más famosos en las rutinarias gradas del universo.

Es temperamental, la muerte por amor.

Suicídate, no significa nada, el mundo resplandecerá
aún más y no habrá tristeza alguna porque ya nadie te quiere.

Hombres y mujeres que dispararon negras pistolas
contra sus inocentes y vencidas sienes,
que castigaron su aparato digestivo
con cápsulas verdes y blancas, rojas y amarillas.

No soporté que me abandonaras, amor mío.

No soporté quedarme sin trabajo, amor mío.

No podía verte con otra,amor mío.

San Ian Curtis, San Mariano José de Larra, Santa Silvia Plath,
la santa horca, la santa pistola y el santo gas,
y el amor siempre,
el amor
tan asesino.

Di adiós a tu cuerpo, se ha quedado vacío.

Bendito sea el suicidio
que nos aleja de la mirada de todos los Emperadores.

Bendito sea el suicidio, el gran adiós de los lunáticos.

Qué bella es la muerte y su hermano el sueño,
dijo un inglés ilustre.

No podía soportar las nubes, el mar, las calles,
amor mío.

Cúbreme de tierra, estaré bien no estando,
amor mío.

Cómprame un ataúd barato, estará bien así.

No hace falta que me recuerdes, amor mío.

 

 

 

Vilas, Manuel. Gran Vilas. Madrid; Ed. Visor, 2012.

 

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