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CASC ANTIC

fonollosa 3

 

CARRER DE JOSEP ANSELM CLAVÉ 1

Yo no tengo enemigos. Si me dicen:

“Aquellos extranjeros enemigos”,
yo veo únicamente a muchos seres
sencillos, como yo. Con uniforme,
como yo. Con fusiles, como yo.

Que piensan, como yo, en cosas corrientes:
el beso de una madre, novia, esposa;
un vaso de cerveza al mediodía;
el hogar, el trabajo, los amigos…

Y esa pizca de amor que de repente
hallamos extraviada en una esquina.

Yo no tengo enemigos. Si me dicen:
“Mata a los extranjeros enemigos”,
yo no sé a quién matar. No lo son ellos.
No son mis enemigos. Soy como ellos.

Si a alguien he de matar es al que ordena
matar a los que son como yo mismo.
Quien quiere que mate en otra efigie.
Quien quiere que me muera en otra muerte.

Quien es, si obedecemos, poderoso.

 

 

 

 

CARRER AMPLE 3

Yo no quisiera estar aquí. Me agobia
esta casa, esta gente, esta ciudad.

Aquí no. No quisiera estar aquí.
He de buscar el modo de escaparme.

Tal vez encontraría en otro sitio,
en otra casa, en otra gente, en otra
ciudad, el mismo o peor desasosiego.

Mas no quisiera estar aquí. Este cuarto
inhóspito, estos seres inquietantes,
esta urbe aterradora, fría, insólita.

Aquí yo no estoy bien. No en esta casa,
con esta gente, en esta ciudad. No,

yo no quisiera estar aquí atrapado.
He de huir aunque muera en el intento.

 

 

 

 

CARRER AMPLE 4

Yo leo mi destino aquí en tus ojos
como si todo hubiera ya ocurrido.

Mi pasado, después de ti, está escrito
entre los cuatro muros de una celda
o entre las seis maderas del ataúd.

Yo sé adónde me llevas sutilmente.
Y nada voy a hacer para evitarlo.

 

 

 

 

PLA DE PALAU 3

Tú mi protagonista, mi heroína.

Me impacta tu caricia en mis sentidos
y me siento feliz contigo, a solas.
Toda tú, mía. Yo en ti realizándome.

Mas me dejas y sufro con tu ausencia.

Y desespero. Y vivo mil infiernos
hasta hallarte otra vez, en una esquina
o en el sórdido ambiente de algún antro.

No importa dónde estés. Solo tú importas.

Quisiera liberarme, no sentir
esta cruel dependencia que a ti me ata
como el sol a la luz que huye y no escapa.

Mas no puedo vivir sin ti, heroína.

 

 

 

 

AVINGUDA DEL MARQUÈS DE L’ARGENTERA 1

No me gusta quién soy ni cómo soy.
Quisiera en verdad ser alguien distinto.
Liberarme de mí, del yo que ostento.

Vivir en una vida como aquellas
que uno advierte que admiran una flor,
una ave. Incluso a un ser humano a veces.

Me cambiaría al punto por aquel
capaz de sonreír a un nuevo día.
Desearía no ser mi yo más tiempo.

 

 

 

 

CARRER DE LA RIBERA 1

Resultáis aburridos y vulgares
en la conversación. No se os ve ingenio
ni agilidad mental. Y se os confunde
con los tipos normales deprimidos
que deambulan vacíos por las calles.
Os falta nutrición. Os falta el ácido.

El ácido os transforma. Sois entonces
inquietos como hogueras en los cubos
que encienden vagabundos en invierno.

Vuestro cerebro alcanza cotas altas
de sagaz reflexión y fino análisis.
Da gusto el enfrentarse con vosotros.
Llegáis a lo genial. O lo parece,
que en el fondo es igual. Debéis, pues, darle
su alimento a la mente. Tomad ácido.

 

 

 

 

PASSATGE MERCANTIL

Exige más porque siempre dan menos
de lo que uno merece. Exige más.

Si te dicen: “Es esto lo que a ti
te corresponde…”. No lo aceptes. Pide
más, mucho más. Si ofrecen cuatro o cinco
es que pueden dar diez. Mantente firme.

Exige más si vales lo que crees.
Te lo darán si de verdad lo vales.

 

 

 

 

CARRER DE LA FORMATGERIA

Tengo algo que decir. Es un mensaje
que he de comunicar —es importante—
a los demás. Ignoro en qué consiste.
No sé si es advertencia de peligro
o llamar su atención sobre algo bello.

No sé reconocerlo por mí mismo.
Pero siento que late aquí, en mi espíritu,
urgiéndome expresión con impaciencia.
Aunque nadie me escuche he de decirlo.

Su enunciación resulta necesaria
a los otros. Aún más. Imprescindible.
Como el agua que ayuda bajo el suelo
a descubrir el sol a las semillas.
Y aunque reciba burlas o desprecios
debo insistir en temas, formas, símbolos…

Entre ellos debe estar. Sé que son claves.
Y estoy seguro que alguien algún día,
descubrirá en mis poemas las palabras
exactas que componen el mensaje.

Lo siento trascendente para el mundo.
Alguien lo encontrará. Lo dirá entonces
con asombro a los otros. Pero es lástima
que, pues no ocurrirá pronto, no pueda
conocer yo el mensaje. Ni si fue útil.

 

 

 

 

PLAÇA DE LES OLLES

No reparaste en mí, sino en los otros
cuando nos conocimos. Me miraste
fríamente, indiferente y enseguida
conversaste animada con los otros.

Las casas no conocen la piqueta
que roerá sus cimientos algún día.
Ni conoce la lluvia el sitio exacto
en que caerá, agarrada a su alta nube.

Te adulé largamente y fui paciente.
Fui ingenioso contigo. Fui agradable.
Soporté tus caprichos y desprecios
sin dejar de halagarte tenazmente.

Y un día descubriste que tu nombre
sabía dulcemente si mi boca
lo ponía en tus labios. Aquel día
dejaste de ocuparte de los otros.

Yo no reparo en ti, sino en las otras
desde que tú me quieres. Y te miro
fríamente, indiferente y enseguida
animado converso con las otras.

 

 

 

 

CARRER DE L’ESPASERIA

Nos advirtieron: “De mil solo unos veinte
alcanzarán con gran dificultad
la penúltima cima de la fama.
Y de mil de esos veinte únicamente
llegará uno a la cúspide más alta”.

Acepté cual los otros. Dedicamos
cada hora, día, mes y año al estudio
de técnicas y brújulas y equipos
necesarios al fin que perseguíamos.

Vocación y aptitud nos desbordaban.

Ni subí la ladera. Debo ser
de aquellos novencientos ochenta, uno.

Y eso que me esforcé siempre hasta el límite.

Por lo visto no soy bastante bueno
compitiendo con otros. Es difícil
escalar sobre cuerpos sudorosos
que traban y se empujan contra el nuestro.

Nada más comenzar nos lo advirtieron.
Y quisimos seguir. No hay, pues, engaño
sino el propio. Tal vez. Mas yo, no obstante,
sentía en mí —y aún siento— que tenía
que ser de los que llegan a la cumbre.

 

 

 

 

ZELESTE 2

Lo básico vital es sencillísimo:
amar, comer, dormir. Y eso ya basta
para hacer digno y bello el transcurrir
por un tiempo sembrado de regalos.

Me asombra descubrir la mucha gente
que vive de este modo. Que empezó
a vivir de este modo ya al principio.

Sin saberlo quizá, sin meditarlo,
estaban en lo cierto. Amar, comer,
dormir es placentero. Y es lo básico.

Qué difícil camino a lo sencillo
he estado recorriendo muchos años
buscando la razón de la existencia.

Amar, comer, dormir. Esta es la clave
del porqué de la vida, el ser en ella.
Qué prodigio poder cada jornada
amar, comer, dormir. Cuántas delicias.

 

 

 

 

ZELESTE 6

Ese sentirse solo a la salida
el trabajo, del cine, al ir a casa…

Saber que nadie espera que uno llegue
para alegrarse al verle o rechazarle,
hace enemiga calle la desierta
e inhóspita la calle más poblada.

Los amigos… Me cuentan sus problemas
y se marchan aprisa. Y uno queda,
de nuevo, otra vez, solo y debe, siempre,
replegarse en su yo y su aburrimiento.

Qué vacío descubre uno en sí mismo
cuando uno mismo busca su yo interno.
Qué ser desagradable se contempla
cuando su propio ser uno examina.

Y aquí, entre tanta gente, en la ciudad,
siente uno que no importa nada a nadie.

 

 

 

 

ZELESTE 12

Muchas veces sonrío complacido
a mi cuerpo pletórico de aciertos.
Tiene aspecto atrayente. Es un modelo
de sobria perfección físicamente.
Es un fuera de serie indiscutible.

Un prototipo para su experimento
cuyo exacto sentido se me escapa.
Irradia seducción, fuerza… Es espléndido.
A veces me deseo y me masturbo.

He de reconocer que me entusiasma.
Cuando pasen los años por mi lado
él continuará siendo un arquetipo.

Y hasta un día la muerte, enamorada
de él, lo guardará incorrupto por el tiempo.

Lo merece este cuerpo. Bello. Mío.

 

 

 

 

CARRER DELS ASSAONADORS

Muchas veces intento rebelarme.
Me siento miserable, atormentado,
si no logro expresar debidamente
—la perfección no existe, estoy seguro,
la busqué tenazmente y no la he hallado—
la idea que me exige ser expuesta.
Y mi insignificancia me es patente.

Y sé que yo no soy el adecuado,
el que debiera hacerlo. Hay un error
monstruoso al destinarme a esta tarea
que otro haría mejor. Mi selección
fue un fracaso de las computadoras
que señalan destinos a los nombres.

No merezco el honor que se me hiciera
y sé que no soy digno de él tampoco.
Que me libren del peso de esta pluma.
Déjenme en lo que soy: un ser humano.
Un débil amasijo de pasiones
vulnerable al sabor de cada día.

Sin nada que explicar a los demás,
que además nada quieren les explique.
Dedicado a arrancar de cada instante
los bienes sensoriales que contenga.
No quiero estar allí encerrado haciendo una obra.
No quiero describir. Quiero estar solo
dedicado a vivir intensamente.

 

 

 

 

PASSEIG DE LLUÍS COMPANYS 1

Cuando me vaya un día, mucha gente
acudirá a decirme: “Hasta la vista”.
Con los ojos brumosos y la voz
enronquecida y rota en la garganta.

Se reunirán entonces familiares.
Las mujeres que he amado y aun aquellas
que tal vez me quisieron. Los amigos,
vecinos, conocidos… Mucha gente.

Se acercarán despacio, el rostro serio,
mirándome y mirándose unos a otros
—reunidos junto a mí mis yo dispersos—
alrededor del coche en que me marche.

Aunque parta hacia el éxito, a la cumbre
de mi realización como individuo;
aunque me esperen paraísos plácidos
adonde me dirija en aquel viaje,

alguien musitará en silencio: “Vuelve.
Te queremos aquí. Tú, entre nosotros”.
Mas yo no volveré cuando me vaya.
Ni tampoco vendrá nadie ese día.

 

 

 

 

PASSEIG DE LLUÍS COMPANYS 2

Estamos en el fin. Se ha terminado
el camino ante rocas infranqueables.
Fue bello transcurrir por sitios nuevos.

Recorrimos inéditos paisajes
que admiramos un rato con asombro.
Y pueblos y ciudades con personas
que hallamos, con el trato, apasionantes.

Llegamos hasta donde era posible.
Y hasta nos extendimos por los tramos
desérticos al pie de la barrera
en busca de algún paso. Pero estábamos
dentro de un laberinto sin salida.

Siempre alzábase el muro irreductible.
Para ir más adelante, por lo tanto,
de estas moles inmensas insalvables
y ver qué es lo que ocúltase tras ellas,
no nos sirven los medios hasta hoy válidos.

Hay que intentar un método distinto.
Y escalar o volar. Es indudable
que ha de ser diferente a cuanto hicimos.
O hay que volver atrás. A nuestro origen.

Y desde allí partir por un sendero
diverso al que tomamos, que nos lleve
más allá de estas rocas que nos paran.

 

 

 

Fonollosa, José María. Ciudad del hombre. Barcelona; Ed. Edhasa, 2016.

 

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