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INTERMINABLE, INCONSOLABLEMENTE

idea vilariño

 

HABERSE muerto tanto y que la boca
quiera vivir un poco todavía
y que el cuerpo, los brazos y la boca
y que las noches cálidas, los días
ciegos, y el frío sin sexo de la aurora…
Haberse muerto tanto y de tal modo
y sostener un nombre todavía
y una voz que se afirma y se alza en números.
Haberse muerto tanto y que los lilas,
y las tintas azules y las rojas
y las hojas, las rosas y las lilas…

 

 

 

 

NADIE podría decirte, árbol seco,
alta rama desnuda y azulada.
La melodía es triste y a lo lejos
en una vana luz desesperada,
yo, esta casa vacía,estos espejos,
este rodar por cuencas señaladas,
este caer de fruta, estar de fruta
y deshacerse al fin en tierra amarga.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Manel Claps

xxxxxII

LOS cristales de un agua refinada y purísima
y el cielo azul combado, de un oriente perfecto,
se tendía en una serena, sostenida
alta calma de pájaro inmóvil contra el cielo.

La noche iba alargando sus raíces calladas
hacia el agua sombría que enterraba los árboles
en un silencio terso y arqueado que flotaba
esfumando las voces y oscureciendo el aire.

Llegué a creer eterna la tarde que moría
en tanto nuestras sombras con las frentes unidas
soñaban una vaga magnolia de dos pétalos.

Y cuando rojos últimos coronaron el cielo
de la ciudad absurda, como un halo de sangre.

 

xxxxxIV

EL día va creciendo hacia ti como un fuego
desde el alba desnuda demudada de frío.
El día va creciendo hacia ti como un fuego,
como una flor de carne celeste, como un río.

El día va creciendo hacia ti como un fuego
y cuando caes en mí los abismos me nombran.
El día va creciendo hacia ti como un fuego.

Mar de olvido, profundo océano de sombra,
tú me haces también noche absoluta y sin ecos,
mar de olvido, profundo océano de sombra.

Tú ciernes dulcemente sobre mi cuerpo herido
mar de olvido, profundo océano de sombra
y voy siendo a medida que borras mi destino
mar de olvido, profundo océano de sombra.

 

xxxxxVI

Rosa dulce, mi mano
de pana tibia es ruda sobre tus sienes pálidas,
mi honda ternura en vano me torna fina y cálida
al doblarme, celeste, sobre tu boca muda.
Te he hablado de mis dudas
sobre el metal lejano y candente de tu acento,
de lo inhumano en fuga por tus dientes, del lento
prestigio de tu frente, de la luz de tus manos.
Te canté, todo, en planos
escuetamente míos. Pero, óyeme, no alcanza.
Ya no sonrío ahora. La vida es una lanza
quebrada. La vida es vana y triste, amor mío,
y vaga un viento frío
que apagará estos astros que mueren de cansancio
y el débil rastro mío y el tuyo y el del rancio
perfume de estos días, grises piedras que gasto,
monótono balasto.
Pero tú tienes algo, no sé, esa luz inválida
que da en tus labios vagos. La vaga aristocracia
que desmaya las cosas bajo tus dedos largos,
ese resabio amargo
que tus más dulces besos me dejan en la boca,
el brillo denso que hace cristales de las rocas
cuando tú me las dices, la tensión de tu cuerpo,
su perfume secreto.
Milagro: barro y puro. Pero, óyeme, no alcanza.
Son tan duros los astros, las cosas son tan blandas,
y las piedras, las bestias, los árboles son mudos.
Y hay un resplandor crudo
que despoja a la vida de sus rosas más grávidas
o que gravita hastiando aun las bocas más ávidas
o que a su luz mortal ya las frentes transidas
no comprenden la vida.
Pero te amo, misterio, dulce enigma de barro.
Te amo y tal vez la noche. Pero, óyeme, no alcanza.

 

 

 

 

EN el lecho, fragante,
curvado como una tibia luna menguante,
el cuerpo ya en el ciego color del abandono,
va recordando ríos, matas color de otoño,
senderos deslumbrantes apenas insinuados,
ramas de vago vino, álamos de oro vago,
altos árboles solos
y cielos, mares blancos, pianos delicadísimos
al caer de la tarde, estrellas candorosas,
silencios macerados con hojas olorosas,
con sangre de los pinos negra, fragante, fuerte,
ascendiendo hondamente con un olor de muerte.
Un suave llanto de oro
terco, tenaz, dorado, callado, silencioso,
vuelca en el aire triste la pena de los árboles,
las mañanas les prestan su candor a las tardes,
a la luna de otoño, pero ahondando las pulcras,
frías noches desgarradas, tiemblan las hondas uvas
del deseo, que arden,
y la idea, el aliento sereno de la nada.
Entonces entre el ansia terrible de las cosas
y el aire que lo envuelve entre sus frías losas,
arqueado como una tibia luna menguante,
triste luna acabada, el cuerpo ya sin sangre
no comprende las rosas.

 

 

 

 

. Hay una mujer que a veces abre un piano
o se abraza a un violín melancólicamente
o que dibuja cardos o que tiene unas manos
pálidas y sufridas
que escriben al crepúsculo frases incoherentes
que peinan cada noche sus cabellos de bronce
y bañan cada día sin luz su cuerpo vano.
Ella habla con las gentes, ella ríe, hasta come
y también tiene un nombre que tal vez es un eco
pero nadie la paga su precio sobrehumano
cuando tiende a los hombres sus ofertas de fuego.
Ella misma se acepta con su forma y su vida
como un hecho sencillo, concreto, definido
y los hombres la buscan, la hieren o la olvidan,
sin verla, sin saberla,
aunque a veces la amaron hombres de ojos sombríos.
Sí. Existe una mujer, un nombre, una manera
de vestirse, de andar o de ordenar los versos,
una cosa que piensa en frías noches en vela
que si fuera un par de ojos
y no toda esa luna que devuelve el espejo…

 

 

 

 

ENVUELTA en la penumbra, taciturna, caída,
los ojos doloridos, las manos afiebradas,
pasando levemente como una flor subida
y prematuramente sentida y arrancada.

Siempre digo lo mismo.
Siempre digo lo mismo.

Echada aquí en la sombra que ya es casi tiniebla
voy llenando afiebrada las blancas hojas ávidas.
No me muevo, no sufro, no resisto, no lucho,
me abandono en silencio sin gritos y sin lágri-
mas.

 

 

 

 

QUIERO morir. No quiero oír ya más campanas.
La noche se deshace, el silencio se agrieta.
Si ahora un coro sombrío en un bajo imposible,
si un órgano imposible descendiera hasta donde.
Quiero morir, y entonces me grita estás muriendo,
quiero cerrar los ojos porque estoy tan cansada.
Si no hay una mirada ni un don que me sostengan,
si se vuelven, si toman, qué espero de la noche.
Quiero morir ahora que se hielan las flores,
que en vano se fatigan las calladas estrellas,
que el reloj detenido no atormenta el silencio.
Quiero morir. No muero.
No me muero. Tal vez
tantos, tantos derrumbes, tantas muertes, tal vez,
tanto olvido, rechazos,
tantos dioses que huyeron con palabras queridas
no me dejan morir definitivamente.

 

 

 

 

SI hubiera tiempo, el tiempo
podría ser un mar
y los días, las olas.
Si hubiera dios, si hubiera,
dios podría ser un mar
y sus gestos, las olas.
Si hubiera, si pudiera,
si aún pudiera llorar,
lloraría al tiempo, a dios
y a tantos otros muertos.

 

 

 

 

VERANO

xxxxxMediodía

Transparentes los aires, transparentes
la hoz de la mañana,
los blancos montes tibios, los gestos de las olas,
todo ese mar, todo ese mar que cumple
su profunda tarea,
el mar ensimismado,
el mar,
a esa hora de miel en que el instinto
zumba como una abeja somnolienta…
Sol, amor, azucenas dilatadas, marinas,
ramas rubias sensibles y tiernas como cuerpos,
vastas arenas pálidas.
Transparentes los aires, transparentes
las voces, el silencio.
A orillas del amor, del mar, de la mañana,
en la arena caliente, temblante de blancura,
cada uno es un fruto madurando su muerte.

 

 

 

 

LA SUPLICANTE

xxxxxI

Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos,
el peso del silencio, ese arco, ese abandono,
enciéndeme las manos,
ahóndame la vida
con la dádiva dulce que te pido.

Dame la luz sombría, apasionada y firme
de esos cielos lejanos, la armonía
de esos mundos sellados,
dame el límite mudo, el detenido
contorno de esas lunas de sombra,
su contenido canto.

Tú, el negado, da todo,
tú, el poderoso, pide,
tú, el silencioso, dame la dádiva dulcísima
de esa miel inmediata y sin sentido.

 

xxxxxII

Estás solo, lo mismo.
Yo no toco tu vida, tu soledad, tu frente.
Soy para ti como otra oscuridad, otra noche,
anticipo de muerte,
lo que en el día frío el hombre espera, aguarda,
y llega y él se entrega a la noche, a una boca,
y el olvida total lo ciega y lo anonada.

Sin límites, la noche,
pura, despierta, sola,
solícita al amor, ángel de todo gesto…

Estás solo, lo mismo.
Ebrio, lúcido, azul, olvidado del alma,
concédete a la hora.

 

xxxxxIII

Esta sazón de fruta que tú me diste, esta
llamarada de luna, durable miel inmóvil,
te sitúa y te cerca,
amigo de la noche, sagrado camarada
de las horas de amor y silencio.

Sin luz, apenas, sin aliento,
sueño
ese incienso divino que me quemas,
sueño ascendiendo abismos con vértigos de sombra,
naufrago en la caricia, alta marea muda.
Ya velado tu rostro entre líneas de niebla
los ojos se te ahogan en climas de delicia
y rueda por la noche tu pensamiento inerte,
entonces el deseo sube como una luna,
como una pura, rara, melancólica,
clara,
luna definitiva, peldaño de la muerte.
Vas derramando oro,
vas alzando ceniza,
vas haciendo palomas de los tallos sensibles,
y hojas de oro caliente que se incorporan desde
y nubes de ceniza que se deshacen sobre
la caricia que crece.

 

 

 

 

TRABAJAR PARA LA MUERTE

El sol el sol su lumbre
su afectuoso cuidado
su coraje su gracia su olor caliente
su alto
en la mitad del día
cayéndose y trepando por lo oscuro del cielo
tambaleándose y de oro
como un borracho puro.

Días de días noches temporadas
para vivir así para morirse
por favor por favor
mano tendida
lágrimas y limosnas
y ayuda y favores
y lástimas y dádivas.
Los muertos tironeando del corazón.
La vida rechazando
dándoles fuerte con el pie
dándoles duro.
Todo crucificado y corrompido
y podrido hasta el tuétano
todo desvencijado impuro y a pedazos
definitivamente fenecido
esperando ya qué
días de días.
Y el sol el sol
su vuelo
su celeste desidia
su quehacer de amante de ocioso
su pasión
su amor inacabable
su mirada amarilla
cayendo y anegándose por lo puro de cielo
como un borracho ardiente
como un muerto encendido
como un loco cegado en la mitad del día.

 

 

 

 

EL MUÑÓN

En lo hondo
olvidado
late intacto
el muñón
doliendo sordamente.

 

 

 

 

CONSTANTE DESPEDIDA

Estos días
los otros
los de nubes tristísimas e inmóviles
olor a madreselvas
algún trueno a lo lejos.
Estos días
los otros
los de aire sonriente y lejanías
con un pájaro rojo en un alambre.
Estos días
los otros
este amor desgarrado por el mundo
esta diaria constante despedida.

 

 

 

 

VA RODANDO

Va rodando
rodando
fatal idiota y ciega.
Vamos rodando vamos
en un sueño
impotentes
fingiéndonos destinos.
Vamos rodando y nunca
sabremos
ni siquiera
tendremos una idea
puntos de referencia.

 

 

 

 

EN ESTA MISMA TARDE

Un charrúa aquí mismo
en este sitio
mira acabar la tarde de verano
el achatado sol
la arena rosa
la larga nube blanca
el aire verde
y la negrura
que alimentan los cielos
misteriosa.
Aquí
hoy
aquí mismo
en esta misma tarde que se acaba.

 

 

 

 

POR ALLÁ ESTARÁ EL MAR

Por allá estará el mar
el que voy a comprarme
que veré para siempre
que aullará llamará
extenderá las manos
se hará el manso el hermoso
el triste el olvidado
el azul el profundo
el eterno el eterno
mientras los días se vayan
la vida se me canse
el cuerpo se me acabe
las manos se me sequen
el amor se me olvide
frente a su luz
su amor
su belleza
su canto.

 

 

 

 

HAY POR QUÉ

No hay por qué odiar los tangos
ni el mar
ni las hormigas
no hay por qué abominar de la sonrisa
del sol
de los mandados
de los torpes cuidados de los hombres
no hay por qué estar asqueado de los diarios
de los informativos de la radio
de las concentraciones.
O hay por qué.
Hay.
Si habrá.
Vaya si habrá.
Sí. Pero.
Pero no hay que.
Supongo.

 

 

 

 

ESA ESTRELLA

Esa estrella qué quiere.
Se ha puesto en mi ventana
casi a la altura misma de mis ojos
y se está allí latiendo
o haciendo señas
o no sé
mirando
dejando que la vea
enorme como un puño
un puñado de luz
sobre la sombra suave de los pinos.
La miro con rencor.
Yo estoy aquí leyendo
un hermoso trabajo
sobre la Alegoría
y esa estrella alentando
jadeando en mi ventana
me instala de repente
en medio de la noche terrible del espacio
del espacio el abismo el infinito
como se quiera pero
me despoja y me deja
vagabundeando a ciegas
vagabundeando no
ah no
arrastrada
en una acelerada inmóvil pura
respiración de hielo.
Arrastrada llevada
sobre esta chispa cálida
y sucia y alocada
que silba por lo oscuro
lanzada como un jet
a la nada a la nada.
Y yo
pobre de mí
leyendo Alegoría.

 

 

 

 

LEJOS

Dentro del cuarto seco
ocre
callado
tan lejos ya del mar
de su latido
de su gusto salobre
su amatista.

 

 

 

 

ME VOY A MORIR

Me voy a morir
me voy a morir
devoro la sombra
los lampos el último
filo de oro el último
rosa con amor
sabiendo mirándolos
con el desapego
del que está de paso
sabiendo viviendo
la muerte que pronto
me quitará los ojos
para verlo olfato
para respirarlo
me quitará a mí
a mí de mi sitio.
Por eso lo miro
poniendo los ojos
la piel el amor
la horrible tristeza
y ese desapego
porque estoy de paso.

 

 

 

 

A GUATEMALA

Estabas en tu casa
eras una muchacha
moderna joven pura
arreglándote el pelo.
Eras para nosotros
los sudamericanos
vegetantes y muertos
la hermana que se lanza a la vida
la valiente
la de nuevo destino.
Y viéndote reír
las otras
las hermanas marchitas y sin sueños
se miraban en ti
cobraban fuerzas
y volvían a muertos ideales.
Pero no podía ser
y todos lo sabían.
Te siguieron de noche
te empujaron a un viejo
callejón sin salida
te golpearon la boca
te ataron y encerraron
qué digo
no te ataron
te tienen de sirvienta
sí señor sí señor
te pagan bien es claro
y a lavar pisos y a poner la mesa
para que coman otros
y a lustrar los zapatos
y a lustrar los zapatos
como si
siempre en la vida hubieras hecho eso
como si
nunca hubieras tenido otro destino
como si
no supieran que fuiste una paloma.
Y las pobres hermanas
marchitas y sin sueños
se dicen qué locura eran locuras
eran locuras sí. Nuestro destino
es decir sí señor
lavar los platos
sí señor sí señor
poner la mesa
para que coman otros
sí señor sí señor
zurcir las medias y lavar los platos
sí señor sí señor
sí señor sí señor
y lustrar los zapatos
y lustrar los zapatos.

 

 

 

Vilariño, Idea. Poesía completa. Barcelona; Ed. Lumen, 2008.

 

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