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LA BALADA DEL PRÍNCIPE KROPOTKIN

Bunbury - Radical sonora

 

xxxxx1)

El autobús que nos llevaba por las pistas al avión
en el aeropuerto de Bruselas,compañía
Sabena (me acuerdo
que estaba el aeropuerto en obras,
línea Edimburgo Bruselas Edimburgo)
iba atestado de obreros con corbata,
tenías que haber visto qué cara de trabajo,
qué honrado cerrar los ojos y apoyarse
sobre el lluvioso temblor del ventanuco, apoyar
sobre la noche afuera la cabeza
y pensar oh dios cómo me gustaría estar en casa,
el maletín sujetado con desgana entre las piernas,
las legítimas ojeras del trabajo bien hecho,
aquella cuadrilla de vuelta del trabajo
llevaban en el maletín de pronto también la vida
junto con su almuerzo, oh sindicato de impresores de Trolinjka,
1912, entre cartapacios y el detallado
borrador del asunto entre manos
llevaban la antorcha del trabajo honrado y hecho, había
uno, recuerdo, con falda escocesa,
me lo había encontrado en el avión en el avión de ir por la mañana,
y había uno que no dormía, minucioso
introdujo en una bolsita las últimas monedas belgas, introdujo
el billete en la bolsa de gastos en belga
y sacó otras dos bolsas más pequeñas,
oh qué proletario detallismo, qué eficiencia,
últimamente se viene observando…, y guardó la nueva calderilla en el previsto
monedero y en la otra cartera el otro billetamen introdujo
y luego cerró el maletín sobre sus piernas
y se quedó mirando las luces rojas, blancas, moradas
de la actividad que sudaba el aeropuerto,
aviones y coches y autobuses y camiones y trenes de panza en panza
con un algo de película de guerra y emergencia
y también él cerró los ojos y parecía de pronto
un chotis aquello, costumbrismo local,
una zarzuela con tipos pintorescos y humanitario
tratar de personajes, parecía
el sabor a vida que rezuman los tranvías,
qué verde era mi bache,
y yo cerré luego los ojos también, estaba muy cansado,
había tenido una muy importante entrevista para un puesto
en Europa importantísimo y había salido
con palpitación de día laboral escaqueado
y había acabado en la Gran Plaza, no serían todavía
ni las once de la mañana,
viendo desde una estratégica maravillosa mesa
a los turistas, la gente, el cartero mayor con gafas de abuelete,
el grupo de escolares, la romántica pareja
de elegantes jubilados con las manos cogidas
y pedí una cerveza
y no era para menos
y volví a fumar, me trajo el camarero
todo un paquete con la segunda cerveza de Marlboro
y ¡oh, sí! sentí con la primera calada una indescifrable comunión
con el más profundo y certero espíritu de la vida,
con la plaza, la mañana, las personas,
los carteles sobre la chimenea enfrente de mi mesa
(que decían Segunda Feria Municipal de la ciudad de Bruxelles,
1923, u otro año parecido, no me acuerdo),
el humo del café de la mesa de al lado
se hacía uno con el de mis volutas,
los adoquines brillantes de la lluvia tan tenue…
y me había venido un ramalazo de olores, de vibraciones
de hacía un montón de años, que viniera otra vez
(¿mochila, dedo, parques públicos, pintorescos detalles?)
y me había quedado enganchado con la plaza mucho rato
y al fin me levanté, no sin desgana,
y encontré una tienda de viejo
y me regalé dos libros, uno de Stendhal
y otro de cocina chipriota
y luego busqué dónde comer y acabé en un snack bar, los dueños
se sentaban con otra pareja de gente en sus cincuenta
(porque era ya tarde y al despedirse se besaron todos con todas
y seguía lloviendo detrás de los provincianos visillos
pero empezaba a tener un tono melancólico
la calle que si uno se descuida…)
y nos quedamos solos yo y los dueños
y pedí otro cuartillo del vino del patrón
y alargué la comida hasta que pude y luego
busqué la Estación Central para coger el tren entre la lluvia
al aeropuerto y fui al mostrador y enseñé varias veces mis papeles
y pasé al duti free y compré cigarrillos
y me gasté mis últimos francos belgas en un
periódico español y un chocolate
(en la hilera de abajo, las revistas de nenas
hacían tener que doblar con disimulo el gaznate a más de uno
que compraba al final empalmado Financial Times y el Soir)
y me senté a esperar el proteico canto de la sirena del Monsacro llamando de la mina
y cuando llegué a Edimburgo caminé por las solitarias calles hasta casa
(oh, yo caminé por las solitarias noches de Edimburgo hasta mi casa)
mientras cantaba entre dientes la canción de aquel año
(I don’t know if you can see…)
hasta subir por Grass Marquet y ver ya desde lejos la luz en la ventana
del salón y decirme en voz alta «estamos
por fin en casa estamos por fin en casa».

Yo aquel año vivía de entrampiar la cosa pública extranjera
siguiendo inversamente al índice de precios al consumo mi nostalgia;
libre de la avaricia del tiempo
a la dolorosa luz de las grandes bombillas de la trasera de la Escuela de Artes
tenía siempre unas décimas y me superaba a mí mismo y leía a Pessoa y
escribía,
con mis malignos ojos recreados
en el aire atento de los congregados,
con la pericia a humos de un decoroso intérprete
había empezado a querer escribir unos versos realmente simpáticos,
que desconociesen por completo los antiguos,
quería hablar muy claro de los búcaros y las navegaciones,
de si en sueños vio realmente el líder del piquete
la imagen de Dios con aguacero,
quería hablar en un tono novedoso, acaso un poco épico,
no alzar los planos exactos de ningunos crepúsculos,
no catalogar los innumerables crepúsculos,
sino abrasarme casi en inexactas metafísicas,
huracanes del miedo ante la libertad… y al poco
de esto una tarde llamaron a la puerta…………………….
………………………………………………………………………………………………..
………………………………………………………………………………………………..
………………………………………………………..pero el inspector del House
Benefit
cuando iba a descubrir el pastel
olió que salía un olor del horno y me miró
interro
xxxxxxxgativa
xxxxxxxxxxxxxmente a los ojos. Kavas, le dije,
a Cyprus speciality,
y era de los barrios portuarios de Larnaca,
su padre era de allí, y luego
cuando terminó de comer (le habíamos invitado)
gritó entre lágrimas que no problema con la pequeña trampa
y saqué el malta, la máquina de hacer amigos,
«el vino del patrón de mis viñedos»,
y brindamos varias veces por la liberación del yugo turco
de las tierras ocupadas de la República de Chipre,
me gustaría haber terminado cantando juntos el himno
nacional de algún sitio pero no lo sabíamos,
viva, viva la cosa pública y el fomento de la inmigración,
hurra hurra hurra por la comida regional,
hola, cheque del subsidio, no sabes qué alegría me da verte,
y escribí esa noche un soneto muy bonito
clamando por la liberación del yugo turco,
al aguerrido modesta contribución,
quedó muy bien, pueblo chipriota,
en justa recompensa.

 

 

xxxxx2)

…y pasó el tiempo pasó el tiempo pasó el tiempo
me hice poeta de escalafón y una gran tonelada de semen…

 

 

xxxxx3)

dijo:
el ruidito que hacen en la noche las pistolas al montarlas
casi llamó la atención de los guardias
pero estaban a dios gracias achispados,
había sido la fiesta del pueblo,
y siguieron tras un momento su camino;
así pude escapar por el oscuro bosque
y me escondí hasta que volvieron a recuperar el color las rosas
y esa noche me acordé mucho de la ciudad de V…,
tuve una floristería allí hasta el 19,
me parece que fue el año que se llevó el río el puente de los Camboyanos,
y en la mañana salí del bosque
cual rico cazador recorre el soto
e inicié una nueva vida y en los astilleros de mi memoria
me hice por un tiempo, como dice el cantar,
de páramos experto.

 

 

xxxxx4)

dijo:
existen personas absolutamente honorables
que marchan con terror de los jueces,
otros con terror de los bandidos,
no sé si entiendo su confusión,
…el sabor metálico en la boca de la mensualidad del crédito
que parece definitivo que no podrás pagar,
habrá que hablar con Chema,
y en medio de la oscuridad una luz una luz una luz,
con ese comienzo a solidificarse de incipiente,
de prometedora, esperanzada y bien pensante fuerza viva
que te jode el cogote,
racionalísimos planes de tacón para arreglarlo todo
y te quedas dormido contando reformas sociales,
¡ay, si a mí me dejaran…! ¡¡pero yo no me pringo!!,
te cabe en el cogote la ciudad ideal pero el malvado
especulador planeaba destruir las casuchas del barrio de la atalaya
para construir un centro comercial,
decidieron los afectados constituirse en asamblea,
exigieron una cuota mínima en los empleos a generar
y tras unas horas de gran tensión llegaron todos a un…
…muérdago y espinacas en los confusos páramos del norte
de los parroquianos…
…vivan, vivan los grupúsculos disolventes…
…siempre plomizo populacho…
…chusma casi vinculada al índice del coste de la vida…
y unas espinacas con azafrán,
que se hunda el mundo
mientras yo coma
¡oho! ¡oho!

 

 

xxxxx5)

Esto era la época en que fueron algo leídos Julian Beck y el maestro Zitarrosa
‒»cuando yo era pequeño (mi madre me contó cuando era joven)
mi padre escardaba un poco de tabaco de Virginia,
machacaba nuez moscada,
la mezclaba con clandestinos cañamones
en polvo jachisero
en a modo de cigarrilos,
lo entrompetaba  con los dedos con un papel adhoc y un cartoncillo
y fumábalos luego y ponía discos y escribía
poesías,
versos,
y tararea ensimismado la sonata del futbolín del Berlín o algo así,
me parece que lo llamaban trasponerse,
mi abuela se ponía de los nervios»‒,
yo imaginaba de aquella que tenía un alma proletaria,
me gustaban las liturgias ‒abramos otra liturgia,
otra cerveza,
otro cutre petardo‒
y el redil se llenaba por momentos de inteligentes camaradas en el redil metidos,
con gran clarividencia sabían dónde estaban,
si tocase la loto me salía,
hagamos poesía lírica mientras tanto,
elogiemos con sutiles matizaciones la liberación individual,
citemos a Pessoa, a un oscuro poeta brasileiro
que muriese de hambre
en París o de aguacero,
hagámonoslo de honrados,
abonos, trilladoras a vapor, progresos dela agricultura,
la poética hoz y el martillo poético
en medio de la chusma,
una vacaciones en la costa,
los fines de semana yo creí que era virgen,
una revolución que ni con lupa,
una revolución de andar por casa,
un blues hablado,
una mezcla de miedo y meretrices, el doctor dice que me curaré seguramente
y alabó un rato mi enorme inteligencia
mientras yo seguía erre que erre con mis treinta y siete horas del convenio
‒…en las noches de abril
me gustaría clavarla con la secretaria de mi magistratura de trabajo;
luce tan bien, la amo tanto‒,
con la revolución del pleno empleo y enormes vacaciones
grabadas en umatic,
vuestras bodas de doscientos cubiertos,
vuestras farturas dignas de la gripe del catorce,
qué ingenuidad,
es verdad que casi hasta dan ganas de escribir, de
ponerse a escribir con ternura,
de estas fiestas paganas,
de estas listas de boda dionisíacas
y una salida los domingos,
tantas muertes inútiles
y ahí están, ¡aún, todavía! cada siete exactos días
los mismos domingos
(aquí hay un buen verso: «…y los mismos domingos en que tanto te quise»
(¿o los mismos domingos en que casi te quise))
del Don Pedro Kropotkin, del amigo Bakunin
y el lunes al trabajo (por un casual, por cierto,
¿qué tal en el trabajo,
ese honrado sudor de la camarada arcilla,
proletaria, eficiente,
esa buena conciencia que dan las pagas extras?)
y el resto es historia,
leed en mis labios,
el-resto-es-historia.

 

 

xxxxx6)

dijo, el hombre que se sentaba en el sillón de raso dijo:
tío, tú has estado bebiendo,
con la exacta intensidad de quien quiere ignorar el reproche lo dijo;
yo, es cierto, estaba extraordinariamente concentrado
esos días en cierto asunto familiar desagradable,
se puede decir que no salía del hospital
con cierta desgracia familiar,
y me comportaba con gran entereza proletaria,
con aplomo, responsabilidad, un paisano mayor,
buscaba el tono exacto de la voz, la intensidad exacta
del solidario apretar el antebrazo de mis deudos,
parecía un dominico o un médico de Dickens,
yo hubiese estado orgulloso de mí,
así que hice una escapadita
y acabé con mi complejo de responsabilidad
en un bar cualquiera de la esquina de abajo,
no es bueno que el hombre…
de responsables están los consejos de administración encarecidamen…
a mi modo de ver no sería conveniente…
y escribí de un tirón tres poemas, ES-
CRITO A LÁPIZ EN GRASS MARQUET,
A UNA MUJER CON UN PAR DE VASOS DE MÁS
y LINES WRITTEN ON A BANK-NOTE,
y empecé la oda de aquel bienio de a seguidas,
jeremiadas de un agrimensor,
fanfarrias de vendetta de los dueños del quiosco,
¡vamos, vamos como si fuésemos a ponernos ciegos!

 

 

xxxxx7)

No hay trabajo, no hay tierra,
si quieren los chingados que se vengan de una vez.

 

 

xxxxx8)

dijo:
me acuerdo también mucho de La Increíble Banda de Cuerda,
yo solía oírlos en los mediodías clarísimos de los campanarios de diciembre
en que me lo hacía de que me lo hacía
de trapichero a muy definitivamente baja escala,
all right,
me emocionaba también mucho con la Velvet y con Silvio Rodríguez,
y llenaba mis días el olor de mis guantes al salir,
el perfecto compartir de un chirri mañanero en cualquier escalinata,
lo que figura passim en todos mis conciertos,
véanse para más detalles otros poyos
all around the rolling rolling rolling sea now.

 

 

xxxxx9)

Pero yo escribía, escribía,
aplicado a la labor procuraba hacerlo bien,
de la última agonía que se puede cantar,
de la circunstancia que inunda todas las gramáticas,
de hablemos del alcalde, oh alcalde de provincias,
cómo se escupe tu nombre aproximadamente,
o hablemos de los crepúsculos donde se enmogollonan los drogadictos
y prometen curarse
y luego vuelven a la ciudad,
vuelven en la hora más desapacible de la desazón,
hoy salieron al campo,
y se apresuran a buscar un bar amigo donde meterse un botellín,
buscar su dosis
justo a la hora en que se llenan los bares de la pequeña burgue…
justo a la hora más plomiza de un innoble domingo
víspera de lunes
y buscan luego a su hombre, los buscan por las esquinas más cochambrosas de la desapacibilidad,
chusma casi vinculada al coste de la vida,
y lo encuentran, ¿lige
ramente al menos no miserablemente y un huevo
abur
xxxxxxxxgue
xxxxxxxxxxxxxxxxxsados?
poéticos como puesta de sol, no más
de diez minutos
como
mucho
cuando
empiezan
a su vez
a contarte las culpas de la sociedad, la relación
extraña que existe entre la ineficiencia del gobierno y su problema,
yo era bueno, mi padre era prostituta y mi madre camionero,
siete hermanos, señor, y ninguno trabaja,
ninguna formación, sólo me quedaban los establos,
voces angelicales de Vivaldi,
castrati del Angelus en la emisora de música clásica,
té y simpatía, sonrisas a la vuelta del trabajo
en la lluviosa parada de autobús,
café y magdalenas
y algún chismarraco de los que dan calor,
olor de cuero, de azafrán, las calizas tan blancas,
el olor de la plancha después de haber planchado,
el mono, el chándal de trabajo,
la chaqueta que no llevamos ni él ni yo sino con rabia
y Rita y José Luis
y por todos nuestros muertos,
¡oídme, pueblo!,
y-por-todos-nuestros-muertos,
nervios y venas y soledad obrera,
revolución detrás del iris de esos ojos tan tan…,
compartida trinchera.

 

 

xxxxx10)

oh!, creo que vuelvo a tener esa sensación
romántica, casi detergente,
de minoría étnica.

 

 

xxxxx11)

como si hubiese…
como si hubiese sido verdad que definitiva,
inapelablemente era verdad que había que acabar con todos,
con todos los, los, los…¡cabizbajos cuervos en mi volcánico espíritu!

 

 

xxxxx12)

¡¡¡Quitad de mi vista esta basura!!!

 

 

xxxxx13)

dijo:
luego se especializó en las citas sacadas de contexto
(«‒qué cerca de tierra hemos pasado»),
asiduo de cierta biblioteca, de cierta casa del pueblo
del sindicato obrero minero…
…la última sirena del crepúsculo…
…casi me pierdo pensando en qué significa todo esto…
…qué confusión más chula…
…la ropa blanca con la blanca…
…guerra de guerrillas… señor, otro telegrama.
¿De dónde procede?
De Tomsk; más allá nuestras líneas están cortadas.
¿Alguna noticia?
Señor, lo rojo,
lo rojo ha anochecido en nuestro volcánico espíritu…
…esquiroles de las propias huelgas cuarteleras
de los frenéticos precipicios de la clase en el poder…
…nos comieron, nos dejamos comer…
xxxxxdemasiado…
xxxxxtarro…xxxxxestimado camarada: te escribo con la
xxxxxlucha de clases en los ojos,
hablemos un ratín los dos a flor de porro…
xxxxx…luchando por la vida sin dios y sin dinero
en sintonía casi con el tembleteo metálico
del profundo, esdrújulo, vibrante zumbido de la vida,
oh paisanos y paisanas como robles, eruditos honrados,
¿dónde, dónde se quedaron los sabios despitados,
existieron de verdad alguna vez los obreros de Marx del sindicato de impresores?
anarquistas legales en los barrios antiguos de todas todas todas las ciudades,
peligro global elevado a cero
sobre la distancia vertical de la sangre de mis hermanos,
de la sangre vertical de la distancia de mis hermanos,
de la sangre de las distancias volcánicas,
peligro en suma vertical
y falto de plomada… o dijo:
pero de lo que más me acuerdo últimamente es de mi tía,
estaba muy bien saber que después de las mañanas habría caldo de gallina,
ahora está bastante mala,
algo del corazón bastante serio,
se acabaron los asaltos cerveceros a la hora de poetizar del mediodía,
se acabaron tantas cosas
y lo siento por ella
porque siempre ignoró queriendo el índice de precios al consumo,
tenías que ver qué bloques de viviendas habitaba,
pero no nos pongamos melodramáticos tan temprano,
le importaban muy poco tantas cosas…
y le gustaban las poesías de Gabriel y Galán,
hacía bien, el siguiente punto será la mención del azafrán,
por qué tal detallismo, mi madre preparaba el azafrán, lo tostaba
encima de la tapa de la cazuela, ponía
una papelina de rojos filamentos
y luego los echaba a la paella;
en aquel arroz proteico
nos acordábamos de las farturas del ochenta y uno,
de cierto corderamen, particular lubina
con que tanto gozamos,
sería el siete o el ocho de setiem…
y no bajara la ginebra de Bifíter, jó jó,
jo jo, o hablemos de la peña y de uno
estilo ruleta rusa,
lucha y cebolla,
y entonces se rompió la amarra y se dio un gran trompazo,
lo grabé todo (en mi videoteca consta
la tarde que te grabé
ante aquellas palomas),
poesías de verbo y predicado,
la misma distancia que del dadaísmo al posmodernis… (acor-
darse de cambiar por «ciertas tardes»),
la misma distancia,
estribillo y sujeto
y verbo y predicado,
escribe tan bien,
qué gran fotografía
en varios sabores, pues se puede elegir,
pero no me venga usted con poesía incomestible,
cabizbajo me apoyo en dos o tres árboles,
no aceptaré nunca más ningún consenso
con quien diga lo contrario,
dijiste, rotundo en tus entrañas……………..
…………………………………………………………..
…………………………..y luego más dijiste: «y
tú, que estuviste, que te fue dado vivir en el templo por un tiempo,
no me saques, por favor por favor,
no me saques de mis cábalas,
sudor obrero hizo
donde tú ahora te chuleas
y hablemos claro…» ……………………………..
…………………………………………………………..
… esta noche te preguntaré porqué te quise tanto
pero rehusará mi imaginación acompañarte,
oh alma proletaria
con que sueña mi yo obrero y proletario,
sonámbulo horror
xxxxxentre luces
xxxxxxxxxxque se encienden,
revolución casposa,
obreros viperinos,
poesía aguada, de la que pierde uno
la ilusión por lo bajini, cava cava
hacia la línea de flotación de esta civi…
…descampados cuarteleros más baratos que colarse en el bus…
…respetando las convenciones del género…
cuentos chinos
xxxxxpaños calientes
xxxxxxxxxxdorar la píldora
de plagiario tocatas morrocotudas,
el rolsrois del panfleto………………..
………………………………………………..
………………oh cuántos árboles tiene una civilización que gastar en panfletos…
…preguntas que se quedan sin contestar
en el cerebro vendado de las clases del prole
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxta
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxriado
burgués, la imperante gandaya tecnológica,
predominantes ideas con marchamo global,
aldeanas definitivamente de caciques muy brutos,
caeréis inapelablemente
de acuerdo con el teorema de las trompetas de Jericó,
no consta su enunciado… y tú, Kropotkin ‒he wrote on
anarchism,
the French Revolution, Russian literature,
Asia, mutual aid in evolution and Memoirs
of a Revolutionist‒ los siervos,
los siervos que liberaste gozan de bona salude…
clase trabajadora de las rupias de los sueños…
xxxxx
…campanarios mañaneros de la moral de los esclavos
en un tugurio abierto…
xxxxxxxxxx…formatos de ponerse ciego derramando…..
xxxxx…hablando hasta que sea de día…
…están cayendo los andamios…
xxxxxxxxxxxxxxx
xxxxx….
xxxxx…eiooo! eiooo!!!
…hablando… no,
xxxxxxxxxxno, no,
xxxxxno arrojaré este pergami-
no al keroseno!!!

 

 

xxxxx(FINAL

Al conductor del autobús, al lechero,
a la panadera del panadero de los cromos
el señor cartero les ha traído un folleto
con los nuevos poyos del Estado.
Silenciosos, se esmeran en las cuentas;
papa oso, los triunfadores de la hidra proletaria
de mi volcánico espíritu
se afanan en extraer dos decimales.

 

 

 

Norio, T. S. Tres poemas. Tenerife; Ed. Baile del sol, 2009.

 

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