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GARCÍA

Pablo García Casado 1

 

 

AMOR

En qué sueñan ahora mientras duermen. Adónde van sus temores si no conocen el óxido. Qué piensan cuando nos miran desde los pies de la cama, como un espectro, esperando el abrazo en el frío de la noche. Qué esperan de nosotros.

Yo intento ser un padre ecuánime, un padre modestamente comprensivo. Pero más de una vez soy un Yahvé que cruza la línea de lo justo. Que se comporta con reacciones desproporcionadas. Que deja salir a la bestia. Soy también ese mundo que espera al otro lado. Alguien que daría la vida por ellos. Pero otro.

Cómo explicar todo esto.

 

 

 

 

TODO SOBRE MI PADRE

Estoy pensando en mí mismo, justo antes de nacer, sentado en la sala de espera de una maternidad. Tengo veinticinco años y ya he aprendido algunas certezas. Algunas amargas renuncias. Pero ahora eso da igual, porque ha nacido mi hijo y estoy dispuesto a jurar los Principios del Movimiento. Por este niño moreno y enfermizo. Por este amor que todavía desconozco, esta mujer que me fascina.

Estoy pensando en mí mismo, tengo veinticinco años, pronto emprenderé un largo viaje. A las playas desiertas de Salou, a los apartamentos vacíos del invierno, donde hemos sido felices, ajenos al ruido de una España mortecina. Él y yo, y esa mujer que en la foto nos abraza. Esa mujer que hoy abraza a mi hijo, también con gafas, con la misma sonrisa de mi padre.

Estoy pensando en mi hijo cuando veo a mi padre. Yo soy mi padre.

 

 

 

 

WHITMAN VARIACIONES

Canto a mí mismo, a lo que espero me sobreviva. Al esperma que resiste contra el tiempo. Al minúsculo amasijo al que intento hacer hablar, ser feliz, reproducirse. Al que enseño a amar y ser amado. Canto a mí mismo.

Canto a mí mismo, y no espero nada. No quiero pagadores ni beneficiarios. Sólo un acto civil con la naturaleza. No el ajuste de cuentas, sí la esperanza. Apenas un campo de posibilidades. Canto a mí mismo.

A lo que espero me sobreviva cuando el fuego o la cal hagan su trabajo. Canto a mí mismo.

 

 

 

 

TRES MUJERES

Nos dejó solas en un claro del bosque. Mi madre lo maldecía mientras él se marchaba con la brújula y la mitad de las provisiones. Silvia tendría tres años y yo estrenaba unas botas que me rozaban. Tenías que haberle comprado las buenas, no sabes nada de montañismo.

Mamá nos cogió de la mano y tomó un sendero, pero el sendero se iba haciendo más y más estrecho, hasta que ya no hubo sendero sino una maraña de arbustos que apartábamos trabajosamente. A lo lejos se escuchaba el aullido de los lobos y el cielo se hacía cada vez más oscuro. Yo rezaba para que mi padre apareciera, abriéndose paso entre la hojarasca. Pero ese momento no llegaría hasta veinte años más tarde, en una cafetería de Barcelona, donde mi padre me anunció entre lágrimas que padecía una grave enfermedad. Y que iba a heredar dos millones de pesetas.

Mis hijas no conocen el monte. No he vuelto a subir al monte. No sé nada de montañismo.

 

 

 

 

DEVORADORES

Hemos empezado a devorarnos. A dentelladas, como peces hambrientos. Nadie trabaja por nadie, nadie trabaja ya para el equipo. Ya no somos una familia, hemos agotado el campo de las expectativas. Sólo sabemos lo que ya no seremos. Y que no habrá sitio para todos.

Hemos aprendido a ser fríos, a calcular, a no dispersar los afectos. A concentrar el amor en lo importante: una casa, unos hijos, un caldo caliente. A poner la sonrisa, incisivos antes de la mordedura.

Ya no nos abrazamos. Ceremonias, funerales, cenas de compromiso, manos blandas que se estrechan. Nos decimos que ya no somos los de antes, y es cierto. Porque estamos solos, ahora sí estamos solos. No es la retórica de los poemas adolescentes, es la soledad verdadera. La de estar a los pies de la cama de tu hijo. La de estar a los pies de la tumba de tu padre. La de no saber qué número marcar. Ni para qué.

 

 

 

 

RUNAWAY

Mi hijo corre en todas direcciones, con la voz atrapada, mi hijo corre por el patio del colegio. Ansioso por decir, ansioso por decirse, mi hijo corre por el patio del colegio. Hacia un país donde se hable su lengua. Un país de abrazos, un país sin preguntas. Lejos de este patio donde todos están lejos.

 

 

 

 

TGD

Yo le pregunto por qué y no sabe responderme. Me habla de los coches, de ese pájaro que acaba de posarse. Y yo no sé por qué. Yo le pregunto a los médicos por qué, por qué, yo consulto a los mejores. Y nadie sabe responderme. Me hablan de curvas y percentiles, de los coches y los pájaros que pinta mi hijo. Pero no saben responderme. No saben por qué. Y yo regreso a casa, de la mano de mi hijo, mirando los coches y los pájaros. Yo regreso a mi casa, y me pregunto a mí mismo, por qué, por qué. Y yo no sé qué responderme.

 

 

 

 

VERSUS

Lo has dejado por escrito. Has purgado tu ansiedad con un puñado de palabras. Las mismas que aún no puedo expresar. Las mismas que un día llegaré a comprender. Ese día voy a odiarte. Por el amor que te tengo. El infalible, el puro, el que nada pide a cambio.

 

 

 

 

COVER

En esta casa envejeceremos. Y veremos nuestras sombras llegar a una estación de paso, ésa en la que habitan los vecinos. Parejas que llegaron a este bloque hace ya veinte años con los hijos de la edad de los nuestros. Tú y yo éramos entonces unos desconocidos. Nos amábamos y luego volvíamos al fuego materno, brasas que hoy esperan nuestra llamada.

En esta casa envejeceremos. Te lo digo hoy, cuando aún no sufrimos el signo del desencanto. Hemos sobrevivido, hemos ganado ya algunos pulsos a la muerte. Y ahora nos abrazamos inseguros pero todavía hambrientos. Todavía las paredes respiran un aire provisional. Todavía hay espacios posibles, espejos ocultos, regiones desconocidas. En la casa, en los armarios, en tu cuerpo. La vida no es aún algo irreversible.

En esta casa envejeceremos. Y los veremos salir altos y rotundos hacia las ceremonias. Y los veremos llegar derrotados y les diremos que nada es para siempre. Y su alegría será la nuestra, multiplicada. Y también el dolor. No sé si entonces seremos felices. No sé si existe ser feliz, desconozco esa fórmula matemática. Pero sé que querré volver a esta casa cuando arrecie la tormenta. Sé que aquí, al abrigo de esta casa, estaré a cubierto. Junto a ti, a cubierto.

 

 

 

 

FORESTAL

En el bosque, mientras otro nos mira. Estoy enamorado, enfermo. He parado el coche entre arbustos y maleza, a plena luz del día. He parado y tú has cerrado los ojos, un tirante se desliza. Se desatan los nudos, los botones, las cremalleras. Uñas pintadas sobre el salpicadero. Un opel se detiene junto a nosotros. No pares. En el bosque, mientras otro nos mira. El otro nos mira, y tú lo sabes.

 

 

 

 

García Casado, Pablo. García. Madrid; Ed. Visor, 2015.

 

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