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LLEGADA A LAS ISLAS

Ayer se presentaba el nuevo libro de José Óscar López, su último libro de poemas, publicado por la editorial Baile del Sol, y que lleva por título el de la entrada de este post.

 

llegada-a-las-islas

 

La presentación corrió a cargo de Diego Sánchez Aguilar y de Cristina Morano. Diego llegó a definir la poesía de José Óscar como noise poetry, y me parece una definición acertadísima sobre lo que hace.

Aquí tienen algunas fotos de la presentación.

Presentación 'Llegada a las islas' 1

Presentación 'Llegada a las islas' 2

Presentación 'Llegada a las islas' 3

Presentación 'Llegada a las islas' 4

 

Aquí pueden leer el texto que aparece en la contraportada del libro.

Llegada a las islas 3

 

 

Y aquí tienen algunos poemas.

 

 

CALÍOPE

Quilhas, mastros e velas, rodas do lem, cordagens
y una pequeña caja imaginaria de roble donde brilla
el oro de un instante, ausencia llena,
xxequiparable a un haz de luz
que dejara de lado aquel envés abierto de su danza
aquí, alrededor, por todas partes.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxRodea con un círculo
las palabras que importan todavía y
respira de una vez.
xxDéjalo estar, siéntate aquí,
pudo haber sido un buen final: aquí, al menos
las avenidas siguen dando al mar, así que vuelve a intentarlo,
construye tu camino, constrúyelo consciente,
dótalo de sentido,
porque nunca lo olvidaste sé que ya lo estás haciendo,
que mañana lo seguirás haciendo como hasta ahora.

Estoy aquí para ayudarte, me dijo, y también
deja de preguntar si he venido a ayudarte.

 

 

 

 

LAS VENTANAS SIGUEN A MEDIA ALTURA

Pasaban cielos como escualos sin dientes, una fauna rabiosa y torpe
en la que participabas a tu manera, ni mejor ni peor o quizás peor,
¿cómo saberlo? Los días de sol duraban una eternidad y a veces llovía,
¿cómo predecirlo? Veías todas esas películas y eran como ventanas
a media altura donde, a veces, se colaban escenas apropiadas
para narraciones infinitas, pero no ilimitadas, y el hilo de saliva
y esa música, ¿no era así como todo se parcelaba algunas veces,
como ideas como nubes y en un mar que nos comprende,
tareas por hacer cuando, de alguna forma, todo ya estaba hecho
o en vías de resolverse, con días y paisajes como cielos
donde apenas restan torres que añadir, ballestas cargadas
para un cuadro saturado antes de acometerlo, ingenios que percuten
sobre el ruido de fondo de una juventud como una guerra contra nadie?
¿Y si, después de todo, esta nada apacible, hospitalaria, constituyese
una nueva y paranoide Eneida, formulación nueva y a la vez antigua
de vistas fulgurantes bajo el cuádruple atardecer de Star Wars
mientras tú, sencillamente, la estabas jodiendo ‒que es lo mismo que decir
que te preocupabas en vano, tontamente‒ todo el rato?

 

 

 

 

NO SUPE SI BAILAR O SUICIDARME

(Trampa de arrastre para fichas de dominó)

xxxxxIII
El músico y el diablo

Se conocieron una noche en el desierto, en un club de jazz del Sáhara,
ella vestía Dolce & Gabbana y él seguía muy bien los pasos de su baile,
aunque después de una terrible discusión él iría a tocar solo esa noche
y no le importó, porque ese es el destino de los músicos ambulantes
o eso tuvo entendido durante demasiado tiempo como para ignorarlo,
las teclas y los vientos sonaron como antaño, y todo funcionaba, así,
con esa misma melodía improvisada, con pequeñas diferencias,
y en todas ellas él
estaría dispuesto a viajar sin ella todo lo lejos que fuese necesario
con la seguridad de verla alguna vez, y de que todo
volviese a funcionar, sin más, un día, de repente,
pero también llegaba, de repente,
una tristeza infinita y las últimas páginas
de un cuaderno donde su historia empezaba una y otra vez
y en todas esas veces se llegaba,
tarde o temprano, a un cruce de caminos
donde era como si, pareciera que no fuese a verla nunca más.

 

 

 

 

Ψυχη θεραπεια

(PSYCHE THERAPEIA)

xxxxx1

Me gustaba verla mear, acuclillada, entre los coches.
Nos queríamos mucho, sobre todo en verano:
viajábamos de playa en playa
haciendo autoestop.
No nos despegábamos.

Pero lo que mejor recuerdo de aquel tiempo
era cuando ella decía: tápame, voy a mear,
y yo le decía: déjame, quiero verte.

Ponía cara de esfuerzo, de chica buena,
de bueno, ésta soy yo, meando,
y yo la miraba, acuclillada, meando.

 

xxxxx2

No conocí jamás la torre, pero oí
el canto de la torre y
ya no pude olvidarlo.

¿Y ahora qué?, le pregunté
a la sombra de un mimo,
a una sombra que huía,
y la sombra croó diluvio y fue diluvio:
inundación
en los tugurios.

Alguien decía: “Un hombre
no ha de ser tan alto
como la torre que construye”,
y, construyéndola,
crecí
hasta llegar a estas visiones.

“Conduce mi automóvil a través del océano”,
“carga tu arma y trae a tus amigos”:
eran canciones que escuchábamos.
Ah no sentir nostalgia alguna,
delicada Talía, impasible Melpómene:
seguid cantando,
xxxxxxxxxxxxxxxxrecordadme
esa felicidad
que atesoramos todavía.
Pues fue la confusión de la metáfora
origen de las noches pterodáctilas,
eso y canciones que regresan
para quedarse, no prescriben: “Psychocandy”,
“One Hundred Years” ‒”no importa si todos
tenemos que morir…”, “Ghost Rider,
uh, superhéroe”.

Difícil asunción de lo sencillo
y simple: estoy llegando.

Música punk autista,
hilos de baba.

Guitarrazos, guitarrazos.

 

 

 

 

 

CINE NEGRO

Todo empieza con un chisporrotazo
y unos golpes; así empieza el final:
pronto la policía tirará
la puerta abajo.
Vinimos hasta aquí, señor, en busca
de nuevas esperanzas para una vida
semejante a aquel borracho que, viscoso,
venía al autocine a molestarnos
mientras tratábamos de ver nuestra película.
Buscamos solamente el agujero
de esta bañera sucia, sumidero
en el que vaciar para siempre estas botellas
de ajenjo y gasolina.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxLa locura
de mi madre, la tuya es una santa,
ciertas cartas marcadas
en el anverso de nuestra desdicha.
Días lentos como tardes de lluvia
que van a terminar con carreras furiosas
por todo el medio oeste hasta Kentucky.
Tanto tiempo duró la revisión y puesta a punto
de nuestra maquinaria móvil y danzante
que fue nuestro destino natural
el cementerio de automóviles.
Un día me pregunté si aún te amaba, pero no
le di importancia. Los días pasan y a nosotros
nos gustaría quedarnos. Así,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxhoy todo
parecía en orden: afuera pasa el camión
de la basura
y en la televisión alguien cuenta una historia demasiado
parecida a la nuestra.
xxEl flexo que se cae, sonidos de disparos,
alguien corre hacia aquí
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmuy deprisa.
Estoy herido. Vete tú.
Otro chisporrotazo más pero esta
vez de sentimiento, estoy
bien jodido esta vez.

 

 

 

 

 

LA COMUNIDAD DE LA FIEBRE

Un payaso, esta tarde, ha debido de estrellar
su rostro contra el cielo: la noche apenas borra
el rastro que han dejado sus pinturas.
Salíamos
del cine, era de noche y éramos mercurio
alígero, confusos serviríamos
para cualquier temperatura,
también enumerábamos las cosas
por un cierto sentido del esfuerzo
y de la disciplina:
la neblina emborrona la luz de los neones
por la que descendemos hasta el mar,
jacarandás en flor y abrigos con el cuello levantado

(levantando el esfuerzo de escapar,
de este descenso),

el agua del océano cubría las llantas de los coches
y de las caravanas de los gofres.
Y un índice de grasa satura el horizonte,
xxseñalándolo,
mientras proclama “Tierra”, que “A la vista”.

Otra vez esa música
que invita a prolongar nuestro paseo
allá donde el país de los payasos tristes
emerge y toma forma,
se deforma
una vez más. Y se sumerge.

Y un tipo con orejas puntiagudas nos instaba a volar.

 

 

 

 

 

EL PASEO

xxxxx1

Te he estado buscando durante horas y la ciudad estaba vacía, una ciudad fantasma. Cuando he comprendido que ya no iba a encontrarte era de noche, y sólo entonces me he dado cuenta de que me rodeaban cientos, miles de personas; aparecían poco a poco, uno a uno, y habían estado ahí todo el tiempo: de un lado para otro, ajetreados y febriles, sumidos en sus propias pasiones y sus ruedas, sus locuras privadas, en sus risas, en su olvido.

Habían pasado horas, quizás toda una vida. Asustado, he vuelto a casa.

xxxxx2

En el desvalimiento de bicicletas rotas se escondía alguna pesadilla nuclear, la fusión de los polos, la desaparición de aves y peces; estanques y tendidos de la luz, avenidas, rotondas; tensadas para nadie. La soledad de los comercios. Donde elijo perderme, y nunca compro nada.

Todo lo imaginé. Luego llegué corriendo aquí, y vine a transcribirlo: todas esas palabras, esas luces que jamás existieron. Porque se sostenían en tu ausencia y durarán, incomprensibles, para siempre.

Quiero decir: creo que no vas a volver.

 

 

 

 

 

ULRIKA

Con un ejemplo basta para ver los confines
donde todo brillaba entonces ‒los detalles:
té de piedra, hachís y hierbabuena
prendida en los tazones y en el fondo
de sus ojos.

Practica a Wittgenstein y estudia zen.

Penumbra congelada en raíces de aloe
y algunas cartas del tarot dispuestas en la mesa,
la Papisa en el centro.

Una pintura de Friedrich. Tarkovskij, Stalker.

Fumar mierda, sentirme en la película.

Solamente los actos expresan un sentido
y yo te amé con todo lo que tuve.

 

 

 

 

 

ZARZA

Era fácil vivir aquellos días,
me pregunto cómo era y puedo verlo:
doy vueltas por la casa, iluminando
con esa luz vacía que es todo lo que tuve
y que aún me conserva, algunas veces:
borracho de palabras, como entonces
febril y agradecido,
lejos de mí, hablando por hablar,
brillando para nadie.

 

 

 

 

 

LA PÉRDIDA DE BRITANIA

En batallas libradas en el tiempo propicio
en el que la supervivencia, parca,
espera a las afueras de Camelot,
creerse la historia, soñar
una sola espada y una mano sobre ella
mas no perdonarla, volver sin ella,
¿no era peor que el infierno?

 

 

 

 

 

TERSITES

Debimos arrojarlo por la borda
entonces que tuvimos ocasión;
con su cháchara estúpida, insensata,
afrenta a Menelao y a Agamenón
y a todos nuestros dioses inmortales,
es feo como un demonio y hasta Homero
cargó las tintas crudo al describirlo.

 

 

 

López, José Óscar. Llegada a las islas. Tenerife; Ed. Baile del sol, 2014.

 

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