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Archive for 13 mayo 2014

EL PESO DE LAS NARANJAS & MINER’S POND

El peso de las naranjas

 

 

PROFUNDIDAD DE CAMPO

xxxxxxxxxxxxxxxxx“La cámara nos libera del peso de la memoria…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxregistra para olvidar”.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJohn Berger

Ya nos hemos contado una y otra vez la historia de nuestras vidas
cuando por fin llegamos a Buffalo.
Sale un sol difuso y prehistórico
sobre las cataratas.

Una mañana blanca,
el sol salpica de pintura el parabrisas.
Conduces, fumas, llevas gafas de sol.

Rochester, Capital de la Fotografía de América.
Apagando un puro en la tapa de la cajita de un rollo,
el agente de seguridad de Kodak nos indica el camino.
El museo es una mansión en gran angular.
Desde el césped de la entrada miras las ventanas del segundo piso,
transformas mentalmente cuartos de baño en cuartos oscuros.

Un millar de fotos después,
agotados de adivinar el movimiento
invisible de la mente que eligió el encuadre de cada foto,
echamos la siesta en el parking de un instituto
mientras el sol se reclina como los árboles
sobre el capó caldeado del coche.

Volvemos a casa. La luna tan grande y cercana
que mancho el parabrisas dibujándole un bigote.
Te hago cosquillas en el cuello para mantenerte despierto.
No recuerdo nada de nuestras vidas anterior a esta mañana.

Salimos de la ciudad de noche y regresamos de noche.
Compramos frutos secos y flotamos tranquilamente por el vecindario,
árboles frondosos que se lavan en la exuberante oscuridad
o a la íntima luz de las farolas.
Es verano y el aire de la noche se carga de nuestros olores,
aguijoneado por la fragancia verde de los jardines.

El calor no se irá del pavimento
hasta que sea casi de día.

Te amé todo el día.
Tomamos la vieja y familiar Autopista del Encuentro,
comenzamos el largo viaje del uno al otro
como a nuestra ciudad con todas sus luces encendidas.

 

 

 

FLORES

Hay otra piel dentro de mi piel
que se ajusta a tu tacto como un lago a la luz;
que desliza su memoria, su lenguaje perdido
dentro de tu lengua,
borrándome para hacerme de nuevo.

Justo cuando el cuerpo cree saber
los caminos para conocerse a sí mismo,
esta segunda piel sigue buscando sus respuestas.

En la calle – las sillas de los cafés abandonadas
en las terrazas, los puestos del mercado vaciados
de su viva luz,
aunque el pavimento todavía respire
uvas y melocotones –
como la luz de todo lo que crece
en la tierra recién removida,
cada partícula de mí se ajusta a tu tacto,
el viento envolviéndonos las piernas en mi vestido,
tu camisa deshaciéndose en flores por mis manos.

 

 

 

Michaels, Anne. El peso de las naranjas & Miner’s Pond (Trad. Jaime Priede). Madrid; Ed. Bartleby, 2001.

 

LA TIERRA SANTA

Alda Merini

 

 

1

Manicomio es palabra mucho más grande
que las oscuras vorágines del sueño,
aun así volvía alguna vez a un tiempo
brizna de azul o lejana
canción de ruiseñor o se abría
tu boca mordiendo en el azul
el feroz engaño de la vida.
Impía, una mano de enfermo
lenta ascendía hacia tu ventana
silabeando tu nombre y, finalmente,
ya borrado el número inmundo, entera hallabas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxla seriedad de tu vida.

 

 

 

 

2

El manicomio es una inmensa caja
xxxxxxxxxxxxxxxxxxde resonancia
donde el delirio deviene eco
el anonimato medida,
el manicomio es el Monte Sinaí,
maldito, en el cual recibes
las tablas de una ley
por los hombres ignorada.

 

 

 

 

8

Por la noche el doctor aguerrido
llega con afelpados pasos a tu suerte,
y tras una sonrisa de escarnio mira los rostros tristes
de los enfermos, en tanto te prepara
una fuerte dosis sedativa
para colmar tu sueño y en el brazo
encaja el suero para remover
tu impetuosa sangre de poeta.
xxxxxxxxxxxxxxxxDespués se va seguro, devastado
xxxxxxxxxxxxxxxxpor su increíble locura
xxxxxxxxxxxxxxxxel doctor de guardi, y tú las barras
xxxxxxxxxxxxxxxxmiras en el sueño como alucinado
xxxxxxxxxxxxxxxxy te cantas las exequias del martirio.

 

 

 

 

24

Segura estoy de que ya nada sofocará mis rimas,
xxencerré por años el silencio en la garganta
xxxxcomo una red para el sacrificio,
xxxxxxpor tanto ha llegado el momento de cantar
xxxxexequias al pasado.

 

 

 

 

34

Tenemos nuestras noches insomnes…

Los poetas claman por la verdad,
podrían ser dictadores
y también quizá profetas,
¿por qué debemos aplastarlos
contra un muro incandescente?
Mas los poetas son inermes,
álgebra dulce de nuestro destino.
xxxxxxxTienen un cuerpo para todos
xxxxxxxy una memoria universal,
xxxxxxx¿por qué debemos extirparlos
xxxxxxxcomo se arranca la mala hierba?
Tenemos nuestras noches de insomnio,
las mil fatigosas ruinas
y la palidez de éxtasis nocturnos,
tenemos muñecas de fuego
así como Copelia
y tenemos seres hinchados de mal
que nos infectan el corazón y los riñones
porque no nos rendimos…
Dejémoslos con su lenguaje, ejemplo
de su vivir desnudo,
nos sostendrá hasta el fin del mundo
cuando tomen las trompetas
y las hagan sonar para nosotros.

 

 

 

 

36

Otra vez sin color la mañana,
una mañana desbordante y plena
como un membrillo,
como el granado de Dios,
una mañana con olor a helechos
y a galopes en los bosques,
pero no habrá ni helechos
ni caballos estallando en luz,
esta dulce mañana
llevará en la frente el sello
de mis decadencias…

 

 

 

 

37

Encendí una hoguera
en mis noches de luna
para convocar a los huéspedes
como hacen las prostitutas
en las aceras de algunas calles,
pero nadie se detuvo a mirar
y mi hoguera se extinguió.

 

 

 

Merini, Alda. La tierra santa. Valencia; Ed. Pre-textos, 2002.

 

LIBRO ABIERTO

Biblioteca

 

 

AGOSTO

A veces creo que estáis aún conversando
mientras tomáis el café bajo el porche,
me parece que oigo vuestras voces
cuando sopla el lebeche
y canta la cigarra.
Sonrío como si hubiese descubierto
un secreto que nunca lo fue,
entonces me apresuro a bajar
los pocos escalones que nos separan
pero cuando llego, ya os habéis marchado.

 

 

 

 

DICHO

Existe el terror de lo que se ha dicho,
esas palabras que suenan a tumba
recién hecha.
Juraríamos que nunca han salido
de nuestros labios
y provocan que todo se derrumbe.
Sin embargo, todavía es más terrible,
el terror de lo que se calla,
aquello que barrena hacia dentro
y convierte las conciencias más dulces
en un queso fétido
con el que untamos las mañanas.

 

 

 

 

BANDERA

Bajaba la bandera lentamente,
mientras la tarde caía
como una historia vieja:
tristes soldados y victorias tristes.
No aparecían los héroes,
sólo la infinita tristeza
del aire y la trompeta.

 

 

 

Martínez Valero, José Luis. Libro abierto. Murcia; Ed. La sierpe y el laúd, 2010.

 

LA ESPALDA DEL FOTÓGRAFO

Tango

 

 

INSTANTE

Somos el instante
De un espejo
Que contempla otro espejo,
Y cree que existe
Y piensa que es.
Luego, como un reflejo
En el recuerdo,
Camina hacia el olvido.

 

 

 

 

EL MAR, MIEDO DE NIÑO

El mar, miedo de niño,
Infinito que acecha ola tras ola,
Suma de temores en la memoria,
No es esa mancha azul,
Oscuro impacto contra el horizonte,
Sino ese hondo abismo,
Donde siempre la duda, pez de plata,
Se mueve entre las algas.

 

 

 

 

EL TIEMPO INDECISO

Me asomo a mi vida igual que a un pozo,
Igual que a este río ahí abajo,
Lo hago como una costumbre.
Algo me inclina a seguir
Con la mirada
Esa rama movida por la brisa,
Hasta el aire parece que se deja
Mirar y lo miro.
Tras el aire el tiempo indeciso aguarda,
Como una historia que va a ser contada.

 

 

 

 

DESCONFÍA DE LOS LUGARES

Desconfía de los lugares,
No conservan huella alguna,
Sino que, torpes y mudos,
Apenas balbucean
Ásperos o tiernos gritos,
Tan confusos que confunden
Al que ingenuo se acerca
En busca de un recuerdo.
Como el mar y el tiempo
No son sino oscura presencia.

 

 

 

 

LA ÚLTIMA PALMERA

Hay un rincón en el patio
Donde se alza
La última palmera.
Apenas asoma, gallo verde,
Por encima del muro viejo,
Recortada entre azul y vencejos.
Cuando paso,
Parece una mirada antigua,
Que recordara.

 

 

 

Martínez Valero, José Luis. La espalda del fotógrafo. Murcia; Editora Regional de Murcia, 2003.

 

LA PUERTA FALSA

F.O.D.

 

 

BIENAVENTURADO

Bienaventurado el que elige un dios
Y ante él se reclina,
Porque es verdad su fe
Y también son verdad sus oraciones
E incluso sus obras.
Aunque sembramos luz
Cosechamos tinieblas;
Pisamos la tierra
Pero somos tiempo.
Todo está escrito, pero Todo se borra.

 

 

 

 

EL ROSTRO

Es casi seguro que el rostro
No es el espejo del alma.
Sin embargo, hay rostros como enigmas,
Otros como respuestas.
Que los que han de venir busquen
Entre los escombros de nuestras calles.

 

 

 

POEMA URBANO

El día, viejo bandolero
Agazapado entre las breñas,
Tras darme el alto,
Me dispara su carga de prejuicios,
Me vende todo lo que no quiero.
Más tarde en la calle lo descubro
Disfrazado de hombre honesto
Que acude a su trabajo
O lleva sus hijos al colegio.
¿Cómo voy a decirle
que es un asesino?
Sería atentar contra
Su dignidad de ciudadano.
Así, aunque sabe
Que lo he descubierto,
Provocativo, me desprecia.
Exige su sitio, toma asiento,
Y desde allí contempla el mundo
Como un inocente.

 

 

 

Martínez Valero, José Luis. La puerta falsa. Murcia; Servicio de publicaciones de la universidad de Murcia – Aula de poesía, 2002.

 

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