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ERECCIONES, EYACULACIONES, EXHIBICIONES

erecciones, eyaculaciones, exhibiciones

 

 

xxUN COMPAÑERO DE TRAGO –extracto–

xxConocí a Jeff en un almacén de piezas de automóvil de la calle Flower, o quizá de la calle Figueroa, siempre las confundo. En fin, yo estaba de dependiente y Jeff era más o menos el mozo. Tenía que descargar las piezas usadas, barrer el suelo, poner el papel higiénico en los cagaderos, etc. Yo había hecho trabajos parecidos por todo el país, así que nunca los miraba por encima del hombro. Salía precisamente por entonces de un mal paso con una mujer que había estado a punto de acabar conmigo. Quedé sin ganas de mujeres un tiempo y, como sustitutivo, jugaba a los caballos, me la meneaba y bebía. Yo, francamente, me sentí mucho más feliz haciendo esto, y cada vez que me pasaba una cosa así pensaba, se acabaron las mujeres, para siempre. Por supuesto, siempre aparecía otra. Acabanan cazándote, por muy indiferente que fueses. Creo que cuando llegas a hacerte indiferente de veras es cuando más te lo ofrecen, para fastidiarte. Las mujeres son capaces de eso; por muy fuerte que sea un hombre, las mujeres siempre pueden conseguirlo. Pero, de todos modos, yo me encontraba en esa situación de paz y libertad cuando conocí a Jeff (sin mujer) y no había en la relación nada de homosexual. Sólo dos tíos que vivían sin normas, viajaban y les habían abandonado las mujeres. Recuerdo una vez que estaba sentado en La Luz Verde, tomando una cerveza, recuerdo que estaba en una mesa leyendo los resultados de las carreras y que aquel grupo hablaba de algo cuando de pronto alguien dijo, “…y, sí, a Bukowski le ha dejado la pequeña Flo, ¿verdad? ¿No es cierto que te dejó plantado, Bukowski?”. Miré. La gente se reía. No sonreí. Sólo alcé mi cerveza.
xx–Sí –dije, bebí un trago, dejé el vaso.
xxCuando volví a mirar, una joven negra se había traído su cerveza.
xx–Mira, amigo –dijo–, mira amigo…
xx–Hola –dije yo.
xx–Mira, amigo, no dejes que esa Flo te hunda, no la dejes que te hunda, amigo. Puedes superarlo.
xx–Ya sé que puedo superarlo. Aún no me he rendido.
xx–Bueno. Es que pareces triste, sabes. Pareces tan triste.
xx–Claro, lo estoy. La tenía muy dentro. Pero pasará. ¿Cerveza?
xx–Sí. Y pago yo.
xxDormimos esa noche en mi casa, pero fue mi despedida de las mujeres… por catroce o dieciocho meses. Si no andas a la caza, puedes conseguir esos períodos de descanso.
xxAsí que después del trabajo, me dedicaba a beber solo todas las noches, en mi casa, y me quedaba lo suficiente para ir a las carreras el sábado y la vida era simple y no demasiado dolorosa. Quizá sin demasiad razón, pero apartarse del dolor era bastante razonable. Conocí muy pronto a Jeff. Aunque era más joven que yo, reconocí en él un modelo más joven de mí mismo.
xx–Tienes una resaca infernal, muchacho –le dije una mañana.
xx–Qué le vamos a hacer –dijo él–. Hay que olvidar.
xx–Quizá tengas razón –dije–. Es mejor la resaca que el matrimonio.
xxAquella noche fuimos a un bar cercano después del trabajo. El era como yo, no le preocupaba la comida, un hombre nunca pensaba en la comida. Y, en realidad, éramos dos de los hombres más fuertes del almacén, aunque nunca se llegara a hacer comprobaciones. La comida era simplemente algo aburrido. Yo ya estaba harto de los bares por entonces: todos aquellos imbéciles chiflados esperando a que entrara una mujer y les llevara al país de las maravillas. Los dos grupos más detestables eran los que iban a las carreras de caballos y los de los bares, y me refiero básicamente a los varones de ambos grupos. Los perdedores que seguían perdiendo y no eran capaces de plantarse y afrontar el asunto. Y allí estaba yo, en el medio mismo de ellos. Jeff me hacía más fáciles las cosas. Quiero decir con esto que el rollo era más nuevo para él y él animaba la fiesta, conseguía casi hacerla realista, como si estuviésemos haciendo algo significativo en vez de derrochar nuestros míseros salarios bebiendo o jugando, viviendo en habitaciones miserables, perdiendo empleos, encontrándolos, rechazados por las mujeres, siempre en el infierno e ignorándolo. Todo ese rollo.

 

 

 

Bukowski, Charles. Ereciones, eyaculaciones, exhibiciones (Trad. J. M. Alvarez y Ángela Pérez). Barcelona; Ed. Anagrama, 2005.

 

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