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ALOJZ IHAN

Acerca de un rincón seguro

 

 

ESCÁNDALO

Se produjo un gran escándalo
cuando un cirujano, por exceso de trabajo,
se negó a operar
a un niño enfermo;
los padres, desesperados, fueron a verlo a su casa
y lo sorprendieron
cortándole el pelo a su caniche en el jardín
con sus precisos dedos.
Llamaron a los periodistas,
los periodistas llegaron corriendo y sacaron fotos.
Como el cirujano siguió cortando dos horas más
pudieron fotografiarlo desde todos los ángulos.
Al día siguiente, los periódicos publicaron en primera página
las fotos de un caniche blanco
y todos los que las vieron tuvieron que reconocer
que el corte era realmente espléndido.

 

 

 

EL PROCESO

De aquel asunto hicieron un proceso grande y sonado.
En todos los periódicos salieron las fotos de un árabe
moreno y agresivo con una mirada tan aviesa y sanguinaria
que a todo el mundo le helaba el corazón. El hombre era
un violador típico, eso era obvio, y el proceso suponía,
según la opinión general, un despilfarro absurdo
de tiempo y de dinero. Después
aparecieron también en los periódicos fotos de la víctima,
una joven negra somalí de labios gruesos
y la gente de repente no supo qué pensar de todo aquello;
no es que dudaran de que el hombre fuera de verdad un violador
y un asesino, de ninguna manera, eso era obvio,
pero es que la negra con su lasciva mirada
y sus esbeltas piernas no podía haber sido del todo inocente
y la gente se vio ante un verdadero dilema:
cuál sería el juicio justo.
Por supuesto que nadie creía que había que absolver al hombre
o tratarle con benevolencia.
Lo más justo sería, de ser posible,
condenar a los dos,
decían, y estaban cada vez más seguros
de que el sistema judicial era poco flexible
y que urgía cambiarlo después de las próximas elecciones.

 

 

 

EL ENTIERRO


que desde arriba sólo somos un montón de hormigas negras
alrededor del ataúd. Todos
y cada uno nos fijamos en el cielo y observamos los aviones
que despegan del aeropuerto;
cuando se pierden de vista, seguimos fijándonos,
inmóviles, en el vacío,
como si buscáramos en algún lugar aún más alto,
aunque sabemos
que desde mayor altura dejamos de ser hormigas
y no somos más que un solo punto minúsculo
y después ya ni siquiera somos.
Desde allí sonríe Dios.

 

 

 

ACERCA DE UN RINCÓN SEGURO

Después de mucho tiempo de rehuir la poesía
volví a acudir a una velada literaria
por solidaridad con los poetas bosnios,
que venciendo múltiples dificultades habían salido
de las ciudades hambrientas, asediadas,
de los sótanos de las casas derruidas, de las trincheras,
de las noches de Sarajevo, luminosas de explosiones e incendios.
Me senté en la última fila
porque tengo una larga experiencia de veladas literarias,
después oí lo de las muchachas violadas, los gulags,
los montones de calaveras y huesos
que se acumulaban como residuos industriales
en los basurales
por todas partes;
no tardé en escabullirme sigilosamente de la sala.
Fuera caía una nieve seca, eran quince bajo cero,
el aire helado me invadió los orificios de la nariz
como un aguardiente abrasador,
dejé pues de respirar, y llevado por la impotencia,
me puse a pensar en el esquí por los glaciares
y en el silencioso deslizamiento entre
abetos y nieve en el monte Grintovec;
tras esos momentos de placer celestial
entré en una taberna a tomar un té y un aguardiente de miel.
Mientras bebía, le comenté a la camarera
la monstruosa arrogancia
que tan desvergonzadamente domina nuestras vidas
que tiene la culpa de que no haya garantía en el mundo
para la buena poesía;
el sufrimiento de una víctima agonizante, por tremendo que sea,
no asegura ni un solo verso inspirado,
y el vuelo desorientado de una mariposa sobre el rostro
de un poeta borracho
puede ser más conmovedor para la poesía
que los ojos de los niños
arrancados en presencia de las enloquecidas madres.
Tuve la impresión de que
la camarera habría llegado a comprenderme perfectamente
si justo antes del punto final
no me hubiera vencido el sueño;
la camarera, una vieja y buena conocida, me buscó
un rincón seguro
y me adormecí dulcemente sabiendo
que me despertarían
cuando a las dos de la madrugada cerrasen la taberna.

 

 

 

Ihan, Alojz. Acerca de un rincón seguro (trad. Francisco J. Uriz). Zaragoza; Casa del traductor, 1999.

 

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