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Archive for 16 julio 2013

EL HOMBRE DE LAS SUELAS DE VIENTO

Hace algo más de una década, David González tomó la espléndida traducción que Julia Escobar hizo de las Cartas de Arthur Rimbaud y extrajo los poemas que forman ‘El hombre de las suelas de viento’. Aquí tienen algunos de ellos.

 

David González 'El hombre de las suelas de viento'

 

HE LLEGADO A ESTE PAÍS TRAS VEINTE DÍAS
a caballo
a través del desierto.
Me fui de Chipre tras una serie de broncas
que tuve con el pagador general y mi ingeniero.
Busqué trabajo en todos los puertos del mar
Rojo.
He llegado a esta ciudad tras veinte días
a caballo
a través del desierto.
Harar está rodeada de una gruesa muralla.
Los hombres son gente tranquila cuando no se les ataca.
Las mujeres se envuelven el pelo en una redecilla
azul.
No tenemos correo regular,
los transportes cuestan demasiado,
la agricultura está atrasada.
He llegado a Harar tras veinte días
a caballo
a través del desierto.
El clima es muy húmedo.
Me desagrada muchísimo.
Es malsano.
Un corte en un dedo supura durante meses
y se gangrena con facilidad.
He llegado a Harar tras veinte días
a caballo
a través del desierto somalí.
Pienso pirarme pronto.
Para irme a traficar en lo desconocido.
Hay un gran lago a pocas jornadas.
Y está el País del Marfil.
Voy a intentar llegar.

Voy a comprar un caballo y marcharme.

 

 

 

MI VIDA AQUÍ ES UNA AUTÉNTICA PESADILLA.
Arrastro una existencia desoladora
bajo estos absurdos climas.
Currelo como un asno
en un país que me produce un horror
invencible…

Y si vivo,
lo hago por cansancio.

Y si me quejo,
es mi manera de cantar.

Mi vida aquí, repito, es una auténtica
pesadilla.
Es imposible pasar más penalidades que yo.
Llevo entre doce y trece mil francos encima y,
como no se puede
confiar
nada
a nadie
aquí, está uno obligado a arrastrar su peculio
y vigilarlo continua
mente…

Y si vivo,
lo hago por cansancio.

Y si me quejo,
es mi manera de cantar.

Cerca de aquí está la triste colonia francesa.
Es una playa desierta, abrasada, sin víveres,
sin comercio, sólo válida para hacer
almacenes de carbón
para los buques de guerra…

Y si vivo,
lo hago por cansancio.

Y si me quejo,
es mi manera de cantar.

Los coolies de servicio me agarraron para que
Alí Chemmak pudiera responder libremente y
Alí Chemmak
me golpeó en la cara
me desgarró la ropa
me amenazó con un bastón
y fue a poner una denuncia contra mí
a la policía municipal
por golpes
y heridas
y llevó a varios testigos falsos
para que declararan que yo le había amenazado
con clavarle un puñal…

Y si vivo,
lo hago por cansancio.

Y si me quejo,
es mi manera de cantar.

 

 

 

NO OS ASOMBRE QUE APENAS ESCRIBA.
Envío a la costa
caravanas con oro, incienso y mirra.
También trabajo por mi cuenta, solo.
Espero tela negra
y piezas de terciopelo rojo tejido
en oro.
El emperador Juan murió asesinado.
Me encanece un pelo por minuto.
Esta traición del cuero cabelludo
es desoladora,
¿pero qué puedo hacer?

No os asombre que apenas escriba.
Hay más cosas para preguntar
que para contar.
Desiertos poblados por negros.
Sin caminos.
Sin correos.
Sin viajeros.
¿Qué queréis que os escriba sobre eso?
Que está uno harto.
Que ya no se puede más.

No os asombre que apenas escriba.

No encuentro nada interesante que decir.

 

 

 

HAY QUE ACABAR RINDIÉNDOSE A LA REALIDAD.
La epizootia ha destruido todo.
La cosecha de café es nula.
La cosecha de sorgo, mediocre.
Los campesinos, aplastados por las incautaciones.
Todo esto me descorazona mucho,
y si continúa me será imposible soportarlo.
Hay que acabar rindiéndose a la realidad.

 

 

González, David. El hombre de las suelas de viento. Valencia; Ed. Germanía,2003.

 

SEMBRANDO HOGUERAS

David González 'Sembrando hogueras'

 

la estrella amarilla

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcada cual es el rey y es el camello
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJoseph Brodsky

en mi infancia,
solíamos construir
nuestros juguetes
con nuestras propias manos.

con las chapas de las botellas,
plastilina, cristal y ciclistas de papel,
fabricábamos bicicletas
que COMPETÍAN por carreteras de tiza.

con los palos de las escobas,
clavos, gomas y pinzas de la ropa,
frabicábamos escopetas
que DISPARABAN horquillas de acero.

en mi infancia, repito,
solíamos construir
nuestros juguetes
con nuestras propias manos.

quizá entonces ya intuíamos
lo que años más tarde
nos confirmaría la realidad:

los reyes magos no existen.

pero tampoco son los padres.

 

 

 

pared

xxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxxxxpero la casa de mi padre
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxxxxxseguirá
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxen pie.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxGabriel Aresti

de la casa de san andrés de los tacones
sólo sigue en pie una pared de piedra.
detrás de esa pared nació mi madre,
y la madre de mi madre,
y la madre de la madre de mi madre.

y yo.

y mi abuelo, luis,
murió detrás de esa pared.

en los alrededores de la casa
había una pomarada, un hórreo y un río
al que iban mi madre y sus hermanas
a lavar la ropa y a lavarse ellas.

luego, construyeron el embalse,
y las aguas
anegaron el río,
derriabron el hórreo
y empodrecieron las manzanas.

y ayer
fui a renovar el carnet de identidad.

¿lugar de nacimiento?, me preguntaron.

san andrés de los tacones, respondí.
pero no pudieron encontrar
mi aldea en su ordenador.

busca san andrés, dijo un policía.

tampoco.

mira a ver por andrés.

no.

prueba con tacones, dijo otro policía.

ni rastro.

así que cuando salí de la comisaría
había vuelto a nacer,
sólo que esta vez en la ciudad de gijón.

con todo, la pared de piedra
de la casa de san andrés de los tacones
aún sigue en pie.

como un poema.

xxxxxxxxxxxxxxxo mejor:

como una semilla.

 

 

 

pesadillas

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy el acabar de estar soñando
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcuando nos vamos a acostar.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxManuel Machado

últimamente
mis sueños
suelen ser
auténticas pesadillas.

mejor así.

no me asusto
tanto
al despertar.

 

 

 

amor de padre

xxxxxxxxxxxxxxtomaron una jaula de sólidos barrotes y le encerraron dentro.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPo Chü – I

el orangután
se hace con la llave,
la introduce en la cerradura,
abre la puerta de la jaula
y se escapa.

su dueño
da parte a la guardia civil.

la enviada especial
de una cadena de televisión dice:

este hombre trata a estos animales
como si fueran sus propios hijos.

y yo no puedo dejar de preguntarme:

¿y a sus propios hijos
también los tiene encerrados en jaulas?

 

 

 

alargando la palabra morirse

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxllegar a esta edad no se lo deseo ni a mi peor enemigo.

apuñalarle de frente o por la espalda.

dispararle, envenenarle, estrangularle
con una cuerda, con un cable o con tus propias
manos.

pero si lo que deseas es que ese hombre sufra,
pero que sufra de verdad, que sufra como tú,

entonces déjalo, déjalo
que se muera, que se muera

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

de viejo.

 

 

 

pájaros

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxlos mirlos silban sobre las tiernas hojas.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxKenneth Rexroth

en la acera
de enfrente:

un árbol
y
una farola
del alumbrado,

abrazados,

como
una pareja
de novios.

pero
sólo
el
árbol
tiene
pájaros.

 

 

 

en peligro de extinción

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxlos planetas seguirán girando alrededor del sol.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxRoxana Popelka

se considera extinguida una especie
cuando no se ha encontrado en estado salvaje
en los últimos cincuenta años.

no, no me lo acabo de inventar.
lo he leído en una de esas enciclopedias.

según esto,
la especie humana está en claro peligro de extinción.

espero que a ningún ecologista le dé por declararla

especie
protegida.

 

 

González, David. Sembrando hogueras. Madrid; Ed. Bartleby, 2001.

 

LEY DE VIDA

David González 'Ley de vida'

 

EL ÚLTIMO BAILE

Son unos zapatos
de piel
de tafilete.
Son los zapatos
de mi padre.
Son las fiestas
de mi barrio.
Son las fiestas
de la Soledad.
Tengo 5 años.
Una cría
de La Calzada
una cría rubia
me está enseñando
a bailar.
La patada
un punterazo
me alcanza de lleno
en todo el culo
me levanta
unos centímetros
del suelo

¿NO TE DIJE
QUE TE QUERÍA
VER EN CASA
A  LA UNA?
¿EH?
¿NO TE LO DIJE?

Me pongo colorado
me meo
por los pantalones
empiezo a llorar

¿NO TE TENGO
DICHO MIL VECES
QUE DE MÍ
NO HACE BURLA
NI DIOS
ME CAGO
EN DIOS?

No es justo
no hay derecho
por mi reloj
sólo pasan
ocho minutos
de la hora
sólo
ocho minutos,

papá.

Ocho minutos.

Al año siguiente
me quedo sentado
en el tablón
de la orquesta.
Observo alternativamente
las evoluciones
de las parejas
que están bailando
las de las
manecillas
del reloj.

Mañana cumpliré
33 años.
No sé

bailar.

 

 

 

PROTECCIÓN

Una noche.
Tenía 17 tacos.
Mi madre salió
a la calle
a ver si encontraba
a dos matones.

Mi madre pensaba
que si me pegaban una paliza
que no me dejara un hueso sano
me entraría el miedo en el cuerpo
me alejaría
de las drogas
de las malas compañías
de todo eso.

Por desgracia
para mí
mi madre
no se atrevió a llevar
este poema
hasta las últimas

consecuencias.

 

 

 

TANGO AZUL

En una ocasión la policía me tiroteó.
La historia tiene su punto. Te la cuento:

nos pillaron en un coche robado
nos cercaron
nos mandaron bajarnos del buga
y apoyar las manos en la parte de atrás
del maletero para
cachearnos
esposarnos
llevarnos a comisaría.
Era viernes. El sábado
tenía pensado estrenar ropa para ir todo
maqueado
a la discoteca
a vacilar con las chorbitas.
No lo pensé dos veces me di la vuelta eché a correr.
La esquina de la salvación estaba cerca.
Uno de los maderos dijo gritó:

¡QUIETO AHÍ, HIJO DE PUTA, O TE MATO!

Me disparó
me disparó a menos de 5 metros de distancia
y falló
escapé
estrené mi ropa nueva
vacilé.

Pero lo importante de esta historia
es lo que yo siempre digo:

debería haber acertado

debería haberme matado en ese mismo instante

cuando no le tenía miedo a la muerte

cuando todavía era

feliz.

 

 

 

HUMILLACIÓN

xxEl funcionario, un cacho de carne con ojos en mangas de camisa, dice:
xx–Todas las cosas demetal que tenga, sáquelas y déjelas sobre esa mesa.
xxLuego, mi abuela, apoyada en su muleta (hace un año se rompió la cadera al caer de espaldas al suelo mientras limpiaba los cristales de la ventana de la cocina subida encima de una banqueta), pasa por el detector de metales y el detector emite una serie de pitidos.
xx–A lo mejor es la muleta –dice mi madre.
xx–¿Puede andar sin ella? –le pregunta el funcionario.
xx–Bueno, sí… pero no querrá que…
xx–Que se la dé a usted y que vuelva a pasar.
xxY mi abuela, su largo pelo blanco recogido en un moño por detrás de la cabeza, un pañuelo negro cubriéndola, hace lo que le ordenan y, aunque cojeando, consigue que el detector de metales pite otra vez.
xx–A ver, quítese ese pañuelo.
xxMi abuela obedece.
xx–Seguro que son esas horquillas, así que haga el favor de soltarse el pelo.
xxMi madre explota:
xx–¿Pero no se le cae a usted la cara de vergüenza al hacer que una persona tan mayor tenga que pasar por todo esto para ver a su nieto? ¿Quién se cree que somos nosotros? ¿Es que no sabe usted distinguir a la calaña de las personas honradas?
xxPero ya mi abuela, con su vestido gris, está pasando otra vez por el detector de metales, con idéntico resultado que las dos veces anteriores.
xxY el funcionario, un cacho de carne, dice:
xx–Quítese el vestido. Si quiere puede doblarlo y dejarlo colgado del respaldo de esa silla de ahí.
xxMi madre está tan indignada que no le salen ni las palabras; y mi abuela, cojeando, despeinada, en enaguas, consigue cruzar al otro lado del detector de metales sin ser delatada.
xx–Ahora ya puede vestirse y pasar al locutorio –dice el boqueras.
xx–No tiene usted perdón de Dios –dice mi madre.
xxY mi abuela, que al ir a ponerse el vestido ha encontrado en un bolsillo una moneda suelta, se acerca al boqui y le dice:
xx–Perdón, señor, ¿sería esto lo que sonaba?
xxY le pone delante de los ojos, a modo de espejo en miniatura, una peseta con la cara de Franco.

 

 

 

BERLÍN

Hay dos bares,
y enfrente de cada bar
un muro.

En uno se apalancan
estudiantes que piran clase
delincuentes comunes
jóvenes radicales
algún que otro yonqui.

En el otro se sientan
estudiantes universitarios
gente con carrera
matrimonios con sus hijos
deportistas.

A veces paso por allí,
pero nunca me quedo
a tomar nada.
Aún no he decidido
en cuál de los dos muros

me tengo
que sentar.

 

 

González, David. Ley de vida. Barcelona; Ed. DVD, 1998.

 

SACRIFICIO HEMORROIDAL

Tito Expósito 'Sacrificio hemorroidal'

 

UN CHIQUITO CON UN TIRO EN EL ABDOMEN
xxxxxpero es un palestino

una niña arrastrándose sin piernas
xxxxxpero es una angoleña

un pobrecito amasijo de huesos, con el vientre hinchado y los ojos como un pez de charco
xxxxxpero es un sudanés

un mulatito con cicatrices lacerantes en todo el cuerpo
xxxxxpero es un colombiano

una joven sin rostro rastro del vertido de ácidos
xxxxxpero es una india

un adolescente tiritando de frío en una playa
xxxxxpero es un marroquí

un pibito que no ha conseguido entradas para Ricky Martin
xxxxxpero ¡dios mío! ¡dios mío!
xxxxxxxxxxes mi hijo, hagan algo.

 

 

 

UN PASITO, OTRO PASITO, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, un hoyo, un salto un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, una piedra, un desvío a la izquierda, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, un árbol tumbado imposible de saltar, un pasito de lagarto, otro pasito de culebra, un pasito de tortuga, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un charco, una zambullida, una brazada, otra brazada, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un acantilado, un brinco, un aleteo, otro aleteo, un aleteo, otro aleteo, un aleteo, otro aleteo, un aterrizaje, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un fantasma haciendo un pis, un susto, otro susto, un susto, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, una puerta cerrada, un golpe, otro golpe, un golpe, otro golpe, un ruido de puerta abriéndose, una puerta que se abre, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un padre enfadado, una madre agitando el palo de la escoba, una mueca, un encogimiento de hombros, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito, un pasito, otro pasito…estoy cansado, me voy a la cama.

 

 

Expósito, Tito. Sacrificio hemorroidal. Tenerife; Ediciones de Baile del sol, 2001.

 

LA CONQUISTA DEL AIRE

Acabo de terminarme ‘La conquista del aire’, de Belén Gopegui, y aunque me ha ocurrido lo que me sucede con el 80 o el 90 por ciento de las novelas (que me da la sensación de que le sobran un buen puñado de páginas) me ha gustado mucho la perspectiva que utiliza a la hora de contar la historia de los pequeño burgueses en los que está centrada la historia.

Ha habido pasajes que me han gustado tanto que he perdido el tiempo haciendo las chorradas que pueden ver a continuación.

 

Gopegui

 

Gopegui'

 

Gopegui''

 

Gopegui'''

 

Gopegui''''

 

Gopegui'''''

 

Gopegui''''''

 

Gopegui'''''''

 

ÁNGEL GONZÁLEZ EN LA RESIDENCIA

Ángel González - Poesía en La Residencia

 

 

AQUÍ, MADRID, MIL NOVECIENTOS
cincuenta y cuatro: un hombre solo.

Un hombre lleno de febrero,
ávido de domingos luminosos,
caminando hacia marzo paso a paso,
hacia el marzo del viento y de los rojos
horizontes -y la reciente primavera
ya en la frontera del abril lluvioso…-

Aquí, Madrid, entre tranvías
y reflejos, un hombre: un hombre solo.

– Más tarde vendrá mayo y luego junio,
y después julio y, al final, agosto -.

Un hombre con un año para nada
delante de su hastío para todo.

 

 

 

ORDEN (Poética a la que otros se aplican)

Los poetas prudentes,
como las vírgenes –cuando las había-,
no deben separar los ojos
del firmamento.
¡Oh, tú, extranjero osado
que miras a los hombres:
contempla las estrellas!
(El tiempo, no la historia)
Evita
la claridad obscena.
xxxxxxxxxxxxxxxxxx(Cave canem.)
Y edifica el misterio.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxSé puro:
no nombres, no ilumines.
Que tu palabra oscura se derrame en la noche
sombría y sin sentido
lo mismo que el momento de tu vida.

 

 

 

CONTRA-ORDEN (Poética por la que me pronuncio ciertos días)

Esto es un poema.

Aquí está permitido
fijar carteles,
tirar escombros, hacer aguas
y escribir frases como:

Marica el que lo lea,
Amo a Irma,
Muera el…
(silencio),
Arena gratis,
Asesinos,

etcétera.

Esto es un poema.
Mantén sucia la estrofa.
Escupe dentro.

Responsable la tarde que no acaba,
el tedio de este día,
la indeformable estolidez del tiempo.

 

 

 

ASÍ PARECE

Acusado por los críticos literarios de realista,
mis parientes en cambio me atribuyen
el defecto contrario;
xxxxxxxxxxxxxxxxxxafirman que no tengo
sentido alguno de la realidad.
Soy para ellos, sin duda, un funesto espectáculo:
analistas de textos, parientes de provincias,
he defraudado a todos, por lo visto;
¡qué le vamos a hacer!

Citaré algunos casos:

Ciertas tías devotas no pueden contenerse,
y lloran al mirarme.
Otras mucho más tímidas me hacen arroz con leche,
como cuando era niño,
y sonríen contritas, y me dicen:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxqué alto,
si te viese tu padre…,
y se quedan suspensas, sin saber qué añadir.

Sin embargo, no ignoro
que sus ambiguos gestos
disimulan
una sincera compasión irremediable
que brilla húmedamente en sus miradas
y en sus piadosos dientes postizos de conejo.

Y no sólo son ellas.

En las noches,
mi anciana tía Clotilde regresa de la tumba
para agitar ante mi rostro sus manos sarmentosas
y repetir con tono admonitorio:
¡Con la belleza no se come! ¿Qué piensas que es la vida?
Por su parte,
mi madre ya difunta, con voz delgada y triste,
augura un lamentable final de mi existencia:
manicomios, asilos, calvicie, blenorragia.

Yo no sé qué decirles, y ellas
vuelven a su silencio.
Lo mismo, igual que entonces.
Como cuando era niño.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxParece
que no ha pasado la muerte por nosotros.

 

 

 

ESTAMPA DE INVIERNO

Mientras yo en mi yacija como es debido yazgo
arropado en las mantas y las evocaciones
de días más luminosos y clementes,
por no sé qué resquicio de mi ventana entra
un cuchillo de frío,
un gris galgo de frío
que se afana en mis huesos con furia roedora.
No es de ahora, ese frío.
Viene desde muy lejos:
de otras calles vacías y lluviosas,
de remotas estancias en penumbra
pobladas sólo por suspiros,
de sótanos sombríos
en cuyos muros reverbera el miedo.
(En un lugar distante,
trizó una bala
el luminoso espejo de aquel sueño,
y alguien gritaba aquí, a tu lado.
Amanecía.)
No.
No está desajustada la ventana;
la que está desquiciada es mi memoria.

 

 

 

AQUEL TIEMPO

¿Con qué lo redimimos,
aquel tiempo sombrío?
¿Con qué pagamos la alegría ahora,
el envoltorio de bisutería
que ocupa hoy el lugar
del amor verdadero, del más puro
amor forjado
en el dolor y la desesperanza?
¿Qué entregamos
como compensación de tan desigual trueque?
Las más sucias monedas: la traición, el olvido.

 

 

González, Ángel. La voz de Ángel González. Madrid; Asoc. de Amigos de la Residencia de Estudiantes, 2008.

 

 

TRATADO DE URBANISMO

Tratado de urbanismo

 

‘Tratado de urbanismo’ fue el primer libro de Ángel González que entró en mi biblioteca particular, y desde el primer momento se convirtió en uno de mis libros de cabecera. Tanto fue así que utilicé algunos versos suyos en un poema de mi primer libro.

Aquí les dejo algunos poemas del libro para que los disfruten.

 

CADÁVER ÍNFIMO

Se murió diez centímetros tan sólo:
una pequeña muerte que afectaba
a tres muelas careadas y a una uña
del pie llamado izquierdo y a cabellos
aislados, imprevistos.
Oraron lo corriente, susurrando:
«Perdónalas, Señor, a esas tres muelas
por su maldad, por su pecaminosa
masticación. Muelas impías,
pero al fin tuyas como criaturas.»
Él mismo estaba allí,
serio, delante
de sus restos mortales diminutos:
una prótesis sucia, unos cabellos.
Los amigos querían consolarle,
pero sólo aumentaban su tristeza.
«Esto no puede ser, esto no puede
seguir así. O mejor dicho:
esto debe seguir a mejor ritmo.
Muérete más. Muérete al fin del todo.»
Él estrechó sus manos, enlutado,
con ese gesto falso, compungido,
de los duelos más sórdidos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«Os juro
—se echó a llorar, vencido por la angustia—
que yo quiero morir mi sentimiento,
que yo quiero hacer piedra mi conducta,
tierra mi amor, ceniza mi deseo,
pero no puede ser, a veces hablo,
me muevo un poco, me acatarro incluso,
deducen que estoy vivo,
mas no es cierto:
vosotros, mis amigos,
deberíais saber que, aunque estornude,
soy un cadáver muerto por completo.»

Dejó caer los brazos, abatido,
se desprendió un gusano de la manga,
pidió perdón y recogió el gusano
que era sólo un fragmento
de la totalidad de su esperanza.

 

 

 

PREÁMBULO A UN SILENCIO

Porque se tiene conciencia de la inutilidad de tantas cosas
a veces uno se sienta tranquilamente a la sombra de un árbol -en verano-
y se calla.

(¿Dije tranquilamente? falso, falso:
uno se sienta inquieto, haciendo extraños gestos,
pisoteando las hojas abatidas
por la furia de un otoño sombrío,
destrozando con los dedos el cartón inocente de una caja de fósforos,
mordiendo injustamente las uñas de esos dedos,
escupiendo en los charcos invernales,
golpeando con el puño cerrado la piel rugosa de las casas que permanecen indiferentes al paso de la primavera
una primavera urbana que asoma con timidez los flecos de sus cabellos verdes allá arriba,
detrás del zinc oscuro de los canalones,
levemente arraigada a la materia efímera de las tejas a punto de ser de polvo.)

Eso es cierto, tan cierto
como que tengo un nombre con alas celestiales,
arcangélico nombre que a nada corresponde:
Ángel,
me dicen,
y yo me levanto
disciplinado y recto
con las alas mordidas
– quiero decir: las uñas-
y sonrío y me callo porque, en último extremo,
uno tiene conciencia
de la inutilidad de todas las palabras.

 

 

 

CANCIÓN PARA CANTAR UNA CANCIÓN

Esa música…
Insiste, hace daño
en el alma.
Viene tal vez de un tiempo
remoto, de una época imposible
perdida para siempre.
Sobrepasa los límites
de la música. Tiene materia,
aroma, es como polvo de algo
indefinible, de un recuerdo
que nunca se ha vivido,
de una vaga esperanza irrealizable.
Se llama simplemente:
canción.

Pero no es sólo eso.

Es también la tristeza.

 

 

 

CANCIÓN DE INVIERNO Y DE VERANO

Cuando es invierno en el Mar del Norte
es verano en Valparaíso.
Los barcos hacen sonar sus sirenas al entrar en el puerto de Bremen con jirones de niebla y de hielo en sus cabos,
mientras los balandros soleados arrastran por la superficie del Pacífico Sur bellas bañistas.
Eso sucede en el mismo tiempo,
pero jamás en el mismo día.

Porque cuando es de día en el Mar del Norte
—brumas y sombras absorbiendo restos
de sucia luz—
es de noche en Valparaíso
—rutilantes estrellas lanzando agudos dardos
a las olas dormidas.

Cómo dudar que nos quisimos,
que me seguía tu pensamiento
y mi voz te buscaba —detrás,
muy cerca, iba mi boca.
Nos quisimos, es cierto, y yo sé cuánto:
primaveras, veranos, soles, lunas.

Pero jamás en el mismo día.

 

 

González, Ángel. Tratado de urbanismo. Barcelona: Ed. Lumen, 1985.

 

FRAGMENTOS DE UN CANTAR DE GESTA

Fragmentos de un cantar de gesta

 

INTEMPERIE

Qué haremos con la luz,
con el olor que vierte
como un perdón la lluvia, con el grito
bárbaro del vencejo,
dónde albergar el náufrago estupor
que nos borra y nos nombra.

Soportan las ventanas
tanto azul sin romperse
pero nosotros
qué haremos
cuando amanezca el mundo
y el cuerpo otra vez sólo sea
un doloroso enjambre de palabras,
el otro lado de la claridad.

 

 

 

LA MUJER EN LA LUZ

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxVermeer

Esta mujer debe verter el agua. No lo hace todavía. Habita espera. El agua espera. La mujer espera. Sólo la luz no espera. La mujer la ha invitado y no lo sabe. Ha abierto la ventana porque tenía sed. Su sed de espacio lava los ojos de quien no beberá la transparencia.

La luz debe verterse sobre el agua.

 

 

 

SACRIFICIO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTarkovsky

En qué lengua,
en qué infancia que no es nuestra niñez
se dice la renuncia.

Nadie sabe qué guerra ha comenzado
y está vacía la casa de la infancia.
Queda el don.
Permanece la ofrenda
de unas manos vacías,
el rito que se ignora
en el dolor del hueco.

En tus manos
está abierta la casa
vacía de la infancia.
Deja que nos cobije su intemperie.

 

 

 

Gómez Toré, José Luis. Fragmentos de un cantar de gesta. Valencia: Ed. Pre-textos, 2007.

 

HE HEREDADO LA NOCHE

he heredado la noche

 

IMPRUDENCIA DEL NÓMADA

Decir nosotros como decir belleza. Y, sin embargo, creo. No en el futuro, sino en la memoria de pasado mañana (y no olvido las fotografías veladas por la muerte ni la mirada procaz de la medusa que habita en los espejos). No hay tierra de llegada, tan sólo de partida, y por eso sonrío a pesar de la luz a plazo fijo. Se inventa cada día la palabra nosotros, como se inventa yo (esa palabra absurda, esa hermosa insistencia, sonido que hace el mar en la violenta sístole en que perece una gaviota suavísima de humo).

 

 

 

TESTAMENTO

Hoy he recordado todos mis oficios: profeta en Central Park, peluquero en Treblinka, obrera en una fábrica de lluvia, buhonero de verbos atroces y olvidados, campesina, senescal, prostituta, juglar de dioses y de infierno.
Hoy ciertamente he recordado todos mis oficios. El poema es una rueda de fuego, un río caudaloso donde arrojé un espejo, un espejo robado. Lo squé convertido en una rama verde. Se deshizo en mis manos. Se deshizo en ceniza que el río recibió como una ofrenda.
Quiero olvidar mi rostro mientras quiera la noche.

 

 

 

REPORTAJE TARDÍO SOBRE SARAJEVO

Arde la biblioteca en Sarajevo. No importa demasiado. Hay escombros de sueños que las llamas abrazan en la ciudad insomne. Son tal vez niños, niños dormidos, niños exiliados de la infancia sin dejar de ser niños, absurdos seres que antes de dormir ya habían aprendido que el caballero no vencerá al dragón pues son un mismo ser y una misma frontera, que la guerra no juega sino impone sus reglas tan extrañas que uno no sabe discutirlas. Me pido con los buenos, ha dicho uno demasiado tarde (niños armados de blancura cuentan vueltos de espaldas mientras ella se esconde). Si alguien supiera preguntarles, podrían explicarnos que ese caballo es un corcel salvaje que una muchacha enciende con su antorcha de hielo que no tiembla. Hay una nieve sucia desde siempre.
Arde una biblioteca. El poema y el himno, las palabras del hombre y su asesino forman una sola canción interminable. Una página vuela como un ala arrancada. Tal vez sigue diciendo estuvimos aquí y la vida fue esto perdonadnos. Su voz se borra en humo hacia nubes que pesan con color de derrota mientras escriben formas que ya nadie descifra pues el cielo es ahora únicamente un país enemigo. Dicen que un escritor tuvo valor para quemar su Shakespeare. Es muy duro el invierno y son precisos gestos para inventar la vida cuando nadie pronuncia el idioma ciego de los muñecos
(hay que contar al revés todos los cuentos. Hoy nada ha comenzado. Un niño más cruel que los héroes termina de contar hasta cien, hasta río, hasta savia, hasta barro. Abre los ojos más allá de su nombre)
Arde una biblioteca en Sarajevo. No durarán las huellas cuando la nieve funda. Es el fuego la palabra del héroe. Allí enciende su canto que no existe.

 

 

Gómez Toré, José Luis. He heredado la noche. Madrid: Ediciones Rialp, 2003.

 

SE OYEN PÁJAROS

se oyen pájaros

 

PALABRAS DE TIRESIAS

Llamarme Nadie
como tú, Odiseo.
Ni hombre ni mujer.
Ni ciego ni vidente.
No dejarse tentar por la memoria.
Sólo beber la sangre transparente
de un animal de olvido.

 

 

Gómez Toré, José Luis. Se oyen pájaros. Madrid: Estruendomudo, 2003.

 

COCINAR EL LOTO

El último libro que publicó Ángel Manuel Gómez Espada llevaba por título ‘Cocinar el loto’. El libro en cuestión lo publicó en Bubok y después de su experiencia muchos perdimos la fe en esa gente que dice que diseña libros y lo que hace es cometer crímenes.

 

Cocinar el loto

 

De todos modos, de ese libro del que ya he dejado algún poema aquí en el blog, dejo estos dos poemas:

 

VEINTE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx“Je te frapperai sans colère
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxet sans haine, comme un boucher”
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCharles BAUDELAIRE. Les fleurs du mal.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLXXXIII, l’héautontimorouménos

A pesar de su monstruoso aspecto,
Sabes que el Señor Hyde y tú tenéis
Algún que otro punto en común.
Sin ir más lejos, ambos regresáis
A Baudelaire con pasión,
Cuando toda esperanza de lo terrestre
Y lo etéreo os abandona
(Te golpearé sin cólera
Y sin ira, como un carnicero).
Y recuerda que habéis amado
Al mismo tipo de mujeres:
Criadas de bajo estofa, mercaderes
Y jóvenes putas de mirada herida.
Sin embargo, sólo él lo consigue,
Los dioses sabrán cómo:
Arrancarles todo su jugo,
El escaso que la vida les ha dado.
Tú, por el contrario, no volverás a verlas
Después de vuestra primera cita.

 

 

 

ESPEJOS II

Al igual que siempre he procurado
En las visitas a las casas
De los desconocidos no tropezar
Mi mirada con sus espejos,
Tampoco es que me mate la idea
De buscar para encontrarme
En el interior de mis versos.

Pues soy consciente:
Dentro de cada uno de ellos
También ha de habitar un monstruo.

 

ANALES DE LA CASA SUBTERRÁNEA

Anales de la casa subterránea

 

UNA ANTOLOGÍA

xxHabía estado hojeando durante esa noche una antología de poetas suicidas, que había dejado olvidada a los pies de la cama desde que la comprara, y sobre la que no había vuelto a depositar su atención. Esos últimos días había abandonado la casa para instalarse en la de Susanne, pero la visita inesperada de los padres de ésta le devolvían otra vez a sus húmedas habitaciones. Treinta metros cuadrados no dan para tantas familiaridades, de modo que la perra también se vino con él, porque mamá era alérgica a los pelos de perra.
xx¡Bah!, pensó, Son los de siempre: Costafreda, Maiakovski, Plath, Sá Carneiro… Pero no pudo reprimir una mueca de asco al ver su nombre colocado al final de esa antología: Eduardo Valle (Madrid, 1956-Granada, 1998). Revisó los tres poemas antologados y vio que ninguno de ellos era de sus favoritos. Alabó por un instante el mal gusto del editor, que, a su manera, había vislumbrado algo elogiable en esos cucuruchos experimentales y surrealistas de sus primeros años ochenta. También tuvo interés en retener en su memoria el canallesco anacronismo de su muerte. El editor la fechaba el 3 de febrero de 1998, cosa que le hizo sonreír, máxime cuando la primera edición valenciana de la antología se había realizado en abril de 1996.
xxAl principio lo habría tomado como una broma pesada, evidentemente. Incluso hubiera entrado a saco en el juego propuesto, pero Juan de Dios Ramos, que así se llamaba el enigmático editor, era completamente desconocido para él. Por unos minutos, dudó. No podía pedir explicaciones a la editorial “Adarga”, porque, sencillamente, ésta había quebrado hace unos meses, y el libro lo había adquirido en una librería de saldo, sita en la calle Miguel de Unamuno, por 300 pesetas. Consultó con un telefonazo a Ives de la Roca, que era el único que podría ayudarle en esos momentos. Nada, no sabía él tampoco de quién hablaba Valle, quién era ese tal Juan de Dios Ramos. En esos momentos echaba de menos a Tropovski, el famoso traductor polaco, recientemente fallecido. Así que se acostó, sin querer darle mayor importancia a esa broma.
xxEsa noche soñó con mariposas rebosantes de ketchup, con aros de cebolla con sabor a los labios de su última novia y que paseaba por calles desconocidas dando besos ciegos a los relojes de pulsera de los transeúntes.
xxA la mañana siguiente, 1 de febrero de 1998, repasó su vida mientras repasaba también el periódico. Qué habían sido sus 42 años. Nada, un auténtico fracaso. Había fracasado en todo. Desde la Universidad hasta el matrimonio. Incluso en las cosas que se quedaron en un leve pensamiento había fracasado.
xxRecordó la fecha de su muerte impresa en la antología y decidió suicidarse dos días después. Pasado mañana acabo con todo, se dijo. Al fin y al cabo, esto ya estaba escrito. Buscó en internet la forma más barata de viajar desde Salamanca, donde residía, hasta Granada y un hotel donde alojarse una vez allí. Tenía además unas horas para visitar la Alhambra por última vez y la casa de Federico García Lorca. También pensó en ir al cine y disfrutar del sabor de unos donuts. Quizá llamara a Enca, a ver cómo le iba a los niños y a invitarla a un último paseo por el Generalife. Animado, se marchó al cajero más cercano, dispuesto a poner en marcha sus últimas voluntades.

 

 

Gómez Espada, Ángel Manuel. Anales de la casa subterránea. Murcia: Editora Regional de Murcia, 2002.

 

MEDIODÍA EN LA OTRA ORILLA

Mediodía en la otra orilla

 

MANERAS DE NO ESTAR MUERTO

(PRIMERA)

Subirse a los árboles y gritar,
romper cristales o jarrones de un pelotazo,
levantarle las faldas a las chicas,
bañarse desnudos en el río las mañanas de mayo,
hacer novillos en clase de Lengua los jueves,
robar caramelos de eucalipto en el quiosco,
dejarse media vida en los pedales de la bicicleta,
compartir tu bocadillo de nocilla en el recreo
y las ilusiones más estúpidas que se hayan visto,
llorar con la ternura de Stan Laurel y Oliver Hardy.
Volver a la infancia al menos dos veces por semana.

 

 

 

(TERCERA)

Es triste reconocerlo,
pero puedo saber por los rostros
y los gestos de esta gente que pasea
quién no ha leído a Pessoa,
que es como decir que también sé
quién ha vivido y quién no;
quién, simplemente, cruza por su vida
contando las horas que le quedan
para toparse con su correspondiente muerte.

 

 

 

(DÉCIMOSEXTA)

Como Phileas Fogg,
correr al revés del mundo,
ganarle un par de días a la Muerte,
burlar por un instante al Olvido;
sentirme un héroe de papel.

Como Alonso Quijano,
volverme cuerdo en el momento preciso,
hacer del existir una sinrazón,
robarle unos granos a la Gloria;
sentirme un héroe de papel.

 

 

 

(DÉCIMOSÉPTIMA)

Desconfía en todo momento:
tanto de aquéllos que dicen tener
siempre de cabecera el Ulises de Joyce,
como de los que aseguran que nunca
nunca han deseado a mujer ajena.

 

 

 

NUEVOS DIOSES

A fuerza de imitar a sus mayores,
los niños también han construido sus nuevos dioses.
Los puedes encontrar en la primera planta de El Corte Inglés.

 

 

Gómez Espada, Ángel Manuel. Mediodía en la otra orilla. Murcia; Univ. de Murcia, Servicio de Publicaciones, 2000.

 

ALBERTO GIRRI

Hace poco llegó a mi biblioteca la selección de poemas que Alberto Girri tradujo de la ‘Antología de Spoon River’ de Edgar Lee Masters, pero el primer libro de Girri que formó parte de mi biblioteca me lo regaló hace ya unos cuantos años un buen amigo. El libro en cuestión son las ‘Versiones’ que Alberto Girri publicó en la Editorial Corregidor de Buenos Aires en 1974. En el libro hay traducciones/traiciones de poemas de Yosano Akiko, Kitagawa Fuyuhiko, Tachira Michizo, Rabidranath Tagore, W. H. Auden, Robert Graves, Gerard Manley Hopkins, W. B. Yeats, Robert Lowell, Wallace Stevens o William C. Williams, entre otros.

 

Alberto Girri

 

Hoy dejo aquí algunas de las versiones que aparecen en el libro.

 

 

Yosano Akiko

MIS CANCIONES

Porque mis canciones son breves
la gente cree que atesoré palabras.
Nada he ahorrado en mis canciones.
No hay nada que pueda agregar.
Distinta de un pez, mi alma se desliza sin agallas.
Yo canto sobre un suspiro.

 

 

 

W. H. Auden

EPITAFIO DE UN TIRANO

Una suerte de perfección era lo que perseguía,
y la poesía que inventaba era fácil de entender,
conocía la locura humana como el dorso de su mano
y estaba grandemente interesado en ejércitos y flotas;
cuando reía, venerables senadores estallaban de risa,
y cuando lloraba los niños morían en las calles.

 

 

 

Robert Graves

POR IMÁGENES FRAGMENTARIAS

Él es rápido, piensa con imágenes claras;
yo soy lento, pienso con imágenes fragmentarias.

Él se torna obtuso, confía en sus imágenes claras;
yo me torno agudo, desconfío de mis imágenes fragmentarias.

Confiando en sus imágenes, él acepta la importancia de ellas;
desconfiando de mis imágenes, yo cuestiono su importancia.

Aceptando su importancia, él acepta el hecho;
cuestionando su importancia, yo cuestiono el hecho.

Cuando el hecho se le escapa, él cuestiona sus sentidos;
cuando el hecho se me escapa, yo apruebo mis sentidos.
Él persiste rápido y obtuso con sus imágenes claras;
yo persisto lento y agudo con mis imágenes fragmentarias.

Él en una nueva confusión de su entendimiento;
yo en un nuevo entendimiento de mi confusión.

 

 

 

W. B. Yeats

TRES MOVIMIENTOS

Los peces shakesperianos nadaban en el mar, lejos de la tierra.
los peces románticos nadaban en redes que iban a parar a una mano;
¿qué son todos esos peces que yacen boqueando sobre la playa?

 

 

 

T. S. Eliot

EL NOMBRE DE LOS GATOS

El nombre de los gatos es una cuestión delicada,
no es tan sólo uno de eso juegos para un día feriado;
ustedes pensarán que estoy loco como un sombrerero
cuando afirmo: un gato debe tener TRES NOMBRES DISTINTOS.
Primero, está el nombre que la familia emplea a diario,
como Pedro, Augusto, Alonso, Jaime,
como Víctor o Jonás, Jorge o Bill Baily,
todos ellos sensatos nombres cotidianos.
Si suponéis que suenan mejor, existen nombres más fantasiosos,
algunos para los caballeros, otros para las damas,
como Platón, Admeto, Electra, Deméter,
sensatos nombres cotidianos también estos.
Pero yo sostengo que un gato debe tener un nombre exclusivamente de él,
un nombre especial y más digno,
de otro modo, ¿cómo podría mantener erguida su cola,
o alardear de sis bigotes, o alimentar su orgullo?
Nombres de esa clase yo puedo sugerirles muchos,
Mankustrap, Quaxo, o Coricopat,
Bombalurina, o bien Jellylorum,
nombres que nunca pertenecen a más de un gato.
Pero además de esos nombres todavía queda otro,
el nombre que jamás lograremos adivinar,
el nombre que ninguna búsqueda humana puede descubrir
pero que EL GATO CONOCE, aunque nunca habrá de confesarlo.
Cuando sorprendan a un gato en intensa meditación,
la causa, les advierto, es siempre la misma:
su mente está entregada a la contemplación
del pensamiento, del pensamiento, del pensamiento de su nombre,
su inefable, efable,
efinefable,
profundo e inescrutable Nombre único.

 

 

 

William C. Williams

LOS POBRES

La anarquía de la pobreza
me seduce, la vieja
casa amarilla de madera carcomida
entre las nuevas viviendas de ladrillo

o un balcón de hierro fundido
con recuadros mostrando ramas de encina
en pleno vigor. Eso se adecua bien
a las ropas de los niños

reflejando cada uno de sus estadios y
hábitos de la indigencia,
a las chimeneas, a los techos, a las cercas
de amdera y metal en una época

sin vallas y que no encierran
casi nada, al viejo
de suéter y blando sombrero
negro, que barre la acera,

los tres metros que le pertenecen,
bajo un viento que a intervalos
doblando la esquina
ha arrollado la ciudad entera.

 

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