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MI NOMBRE ES ROJO

mi nombre es rojo

 

SUPERCINCO. SUPERWOOBINDA.

Y levanté los ojos/ y observé/ y vi el lavabo lleno de acrílico ROJO/ sumiéndose por los seis huecos del fregadero./ Apreté los ojos fuerte, para que me condujesen en un coche gris metálico hacia Ti./ Vi la lengua de una chica sobre una carnosa flor fucsia./ Y dije al ángel: ¿Qué significa esto?/ Ni una sola respuesta./ Enormes gafas de cristales tintados. (Venga, cariño, vamos a meter algo de ruido.) PVC de colores iluminado, con precios de comida basura./ Un adolescente indio encima de una tabla de patinar (estampado en graffiti el Sagrado Corazón)./ Burbujas de cristal bajo la aurora boreal. Burbujas de aire en zapatillas de diseño./ Gente con estilo./ Resortes./ Fotos desnuda y herida, emisoras de países extranjeros./ Si supiera lo que quieres te lo daría./ Cambio climático./ Transformaciones irreversibles en mi amor hacia ti./ Baterías. Niños con flequillo y jersey rojo de cuello vuelto (y el día que te escribí: nunca he tenido el corazón tan ROJO, y me equivocaba)./ Sintetizadores analógicos. Balsas lentas en el río Lee./ Sushi en tu casa, al volver del autobús, de camino en el liquor compramos vino australiano. Conexión intercontinental./ Desconexión: (un pez muerto en medio de una calle peatonal, los demás no lo ven pero yo sí, significa que he vuelto a perder mi juego favorito)./ Voy a quemar todos mis cedés viejos. Lejía. Cuatro horas seguidas de vídeos glam./ Me equivoqué queriéndote para siempre. Líneas Skin Care. Vueltas a casa sobre atardeceres de aeroplano. Agarrarse a nada: llevo demasiado tiempo oyendo que esto es algo propio de los años formativos./ Miedo cuando sale mi padre por la puerta (hablo de miedo de verdad)./ Bacterias en botes de pomada. Crees que me estoy volviendo loca, si te llamo de noche y estoy triste. Me regalas rompecabezas. Para qué me llamas, entonces./ Clubes. Eventos. Tardes de película de vídeo. Todo es mentira./ Yo creo que soy buena chica. –No– dices tú–, eres mala mala./ Pues yo creo que soy buena. De verdad, para qué me llamas. Y luego. El polo sur del planeta trendy, el disco dance, el escándalo, todo lo que odio, noches ambiguas. Así es como te sentirás, me dijo todo el mundo. Adicciones compulsivas./
[Éstas son las bestias que hielan mis días uno a uno, Señor, sin que pueda levantar cabeza, éstas han venido para aterrarme, abatir mis mañanas laborales con pequeños objetos que a oscuras me golpean los meñiques.]

 

 

 

Y CADA VEZ QUE APRIETO MIS UÑAS EN LA ESPALDA DE OTRO ESPERO QUE LO SIENTAS. CATHERINE TEKAKWITHA.

1. Recuerdo la actitud de El Mando/ tal cual/ desde toda mi vida./ Las cosas apenas han cambiado./

2. Sufren/ mis amores enemigos/ arrastrando un eco de dolor hasta los talones del adversario y/ tal vez no ocurra nada/ pero no se diluye la amargura que ocupa mi seno con insectos. Obstáculos./

3. Mi primera vez fue con un capitán de barco. Inglés. (Con extraños es siempre más fácil,/ no preguntan,/ nunca vuelves a verlos.)/ Rubios americanos bebiendo whisky,/ moviendo pastillas de chicle/ en sus mandíbulas cuadradas./

4. En esos encuentros malvendí los restos del coraje y el olor a adolescencia./ En la escuela no pude prosperar mucho más lejos.

5. Soy torpe/ pero odio las deportivas/ el olor a establo del tabaco de contrabando/ las iniciales de asociaciones internacionales/ las armas para el desarme.

6. En ver y callar está mi fuerza, mayor/ que en una explosión en la plataforma petrolífera/ sobre púrpura mares./
Tengo una fe que me impermeabiliza.
Alá, aíslame en la secuencia de tu ADN.

 

 

 

(LA CINTA FAVORITA DE FRANK, EL NIÑO SOLDADO) MARLENE D.

Tabaco. Pinzas de depilar. Autopistas de piernas llenas de huesos. Ejércitos de amantes.
Todo lo que no me gusta inexiste. Toda mi energía erótica se esfuma en ser estrella, tarareo
con acento teutónico/ y todo el veneno toda mi fortuna
en esta basura de westerns.
Abracé a Rod, pequeño chico, tan delgado. Me invitó a un trago y le conté
lo de la unidad móvil para animar
a las tropas de la IIª
(yo era prácticamente un soldado prusiano.
Tremendas ovaciones caquis
reaccionando a mis bromas,
¿cómo negarles un momento interesante
antes de la mañana de su muerte?)
Aquella película:
Berlín Este
sobre el pieano. Medistraía. Detesto
a esas americanas,
sin planchas ni ondas ni lápiz de labios.
Oh, la belleza en la brutalidad bañadores de lycra costas blancas.
No era de las que se casaban.
Ochenta años y aún
los pómulos altos. Las Vegas…
Motel Retor Sahara armiño shorts oscuros vestidos que dejaban los pezones al descubierto,
gargantillas. (La única razón para perdonar a los hombres.)
Entradas vendidas anticipadamente de Japón a Broadway,
y océanos de Dom Perignon entre canciones.
Me gané al público hostil de Alemania. Los muy imbéciles
aplaudieron hasta que repisé el escenario
(y eso que cantaba en francés).
Cuando caí bajo los focos
fue
sólo un accidente. Después
gafas negras autodestrucción en la piel quebrada de la fama.
París.
Aislamiento, días enteros en la cama,
disminuido por la leyenda, un mensajero azul.

 

 

 

¿CUÁL ES EL SUEÑO DE LOS LABORATORIOS? THEA VON H.

Odio de ese tema el ruido final de aplausos,/ lo que más deseo es de doble vía, –estribillo–/ y este enjambre, por Dios,/ de casa no llevo ropa hace frío/
el cuarto huele a coma y esta noche/ echaban una peli y eso qué importa. Los chicos han quedado para unos electroshocks y beber cerveza,/ hay sonidos aquí que no son míos, no lo acepto. Libros que compré, y no he leído. A veces alguien regresa al cuarto/ deja ahumada la cocina, trastoca los objetos. Píxeles en desorden,/ cucharillas y
fuera los ferris, supongo, mantienen sus horarios, los aceleradores de fusión nuclear siguen generando potencia. No quiero remover nada/ ni salir/ ni estar aquí en el cuarto. No, por nada./ El cuerpo estoy desecando escurriendo el corazón entre costillas de lienzos aún blancos, instantáneas digitales, minidiscos/ pantis y papeles./ No me interesa no me interesa/ aquí nunca nada (lejos de viajes a lo largo de túneles) sucede, alguien sube el volumen de un tema atroz al lado.
Si ocurre algo procuro olvidarlo./ Voy a olvidarte porque vas a hacerme daño./ Permanezco aquí en el cuarto como víbora negñandose a mudar la piel,
entre sí las cosas desordenadas. Padre, quiero más vida
y una fuente de energía
limpia e inagotable.

 

 

Díaz-Villarías, Mercedes. Mi nombre es rojo. Córdoba; Ed. Plurabelle, 2004.

 

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